Dos cartas a Julia Schucht desde Viena

Dos cartas a Julia Schucht desde Viena

Dos cartas a Julia Schucht desde Viena reúne dos misivas que Antonio Gramsci escribe a su compañera Yulca en 1924, mientras se encuentra en Viena, lejos de ella. En la primera, fechada el 28 de febrero, Gramsci intenta consolarla por el llanto que percibe en sus últimas cartas y reconoce que ambos se hacen daño mutuamente por la distancia y la imposibilidad de vivir juntos. Reflexiona sobre su propio carácter: la soledad vivida desde la infancia le enseñó a esconder sus sentimientos tras una máscara de dureza o ironía. Recuerda el origen de su instinto de rebelión, nacido contra los ricos que podían seguir estudiando mientras él, pese a sus notas sobresalientes, no podía, y ampliado después a los ricos que oprimían a los campesinos de Cerdeña, época en que defendía la independencia de la región con el lema "¡Al mar los continentales!". Cuenta cómo el contacto con la clase obrera de una ciudad industrial le hizo comprender el verdadero sentido de las ideas de Marx que antes solo conocía por curiosidad. Se pregunta si es posible entregarse a una colectividad sin haber amado antes a personas concretas, y agradece a Yulca haberle dado el amor que le faltaba. Le pide que viaje a Viena, aunque sea por unos meses, y le habla de la angustia que le producen las cartas de los compañeros italianos, que esperan de él fe y fortaleza que no siempre siente tener, mencionando también a una camarada rusa, antigua compañera de Rosa Luxemburg y Liebknecht, que le escribe desalentada. Evoca un episodio de Turín durante la ocupación de las fábricas, cuando logró calmar con una broma al Comité Militar, agobiado por la responsabilidad de una posible salida armada de los obreros, y contrasta aquella capacidad con su debilidad actual, agravada por la enfermedad sufrida al llegar a Moscú. Cierra pidiéndole de nuevo que vaya a verlo. En la segunda carta, del 15 de marzo, Gramsci describe su estado de ánimo abatido y su obsesión por la posible llegada de Yulca. Se siente viejo y débil, compara su sensación con la del "chino Laotsé", que nació ya anciano, y relata detalles domésticos de su alojamiento en casa de una pensionista cristiano-social: la habitación con una imagen de una santa, los cuadritos, la falta de semishki y su insomnio. Habla de su trabajo en el periódico "Ordine Nuovo", cuyo primer número, pese a sus propias dudas, tuvo buena acogida y se agotó rápidamente en Turín, Milán y Roma. Reconoce que esta respuesta debería estimularlo, pero la responsabilidad lo abruma por sentir que le faltan la voluntad y la lucidez necesarias. Insiste en que necesita a Yulca no solo por amor, sino porque su relación debe ser también una colaboración de trabajo y una unión de energías para la lucha revolucionaria, y le pide que considere venir a colaborar con él.

By Antonio Gramsci · First published 1926 · Genre: Epistolary, Political, Romantic · 2129 palabras

Primeras líneas

Queridísima mía: Querría besarte los ojos para secar las lágrimas que me parece ver en ellos, que me parece sentir en mis labios, como otras veces, cuando por maldad te he hecho llorar. Nos hacemos daño, nos atormentamos mutuamente, porque estamos lejos uno de otro y no podemos vivir así. Pero tú te desesperas demasiado. ¿Por qué? Muchas veces me has prometido que ibas a ser fuerte y yo te he creído, y todavía creo que eres fuerte, más de lo que te piensas. A menudo eres más fuerte que yo, pero yo estoy acostumbrado a la vida solitaria que he vivido desde la infancia, a esconder mis estados de ánimo tras una máscara de dureza o una sonrisa irónica; ésa es la diferencia. Eso me ha hecho daño durante mucho tiempo; durante mucho tiempo mis relaciones con los demás fueron algo enormemente complicado, una multiplicación o una división por siete de cada sentimiento real para así evitar que los otros entendieran lo que yo sentía realmente. ¿Qué es lo que me ha salvado de convertirme en un andrajo almidonado? El instinto de la rebelión, que desde niño se dirigió contra los ricos porque yo, que había sacado diez en todas las materias de la escuela elemental, no podía seguir estudiando mientras sí que podían hacerlo el hijo del carnicero, el del farmacéutico, el del negociante en tejidos. Esto se amplió luego a todos los ricos que oprimían a los campesinos de Cerdeña. Yo pensaba entonces que había que luchar por la independencia nacional de la región: «¡Al mar los continentales! ». ¡Cuántas veces he repetido estas palabras! Después conocí la clase obrera de una ciudad industrial y comprendí lo que realmente significaban las cosas de Marx que había leído antes por curiosidad intelectual. Así que me he apasionado por la vida a través de la lucha de la clase obrera. Pero cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando no se había querido a nadie, ni siquiera a la propia familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se había amado profundamente a criaturas humanas individuales. ¿No iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante? ¿No iba a esterilizar y a reducir a puro hecho intelectual, a puro cálculo matemático, mi cualidad de revolucionario? He pensado mucho en todo eso, y he vuelto a pensarlo durante estos días porque he pensado mucho en ti, que has entrado en mi vida y me has dado el amor, me has dado lo que siempre me había faltado y me hacía a menudo malo y torvo. Te quiero tanto, Yulca, que alguna vez no me doy cuenta de estar haciéndote daño porque yo mismo estoy insensible.

Qué documenta esta página de Textopian

Dos cartas a Julia Schucht desde Viena figura en Textopian como cuento de Antonio Gramsci, con fecha de 1926 d. C.

Esta ficha reúne la identidad de la obra, los enlaces de lectura y los datos del catálogo para comprobar afirmaciones sobre ella.

Cómo citar esta página

Obras similares

Géneros

Etiquetas

Cartas · Epistolario · Política · Historia · Socialismo · Marxismo · Italia · Europa · 1915 · Guerra Mundial I · Prisionero político · Exilio

More by Antonio Gramsci