Historia cómica de los estados e imperios del sol

Historia cómica de los estados e imperios del so

Cyrano de Bergerac escribió Historia cómica de los estados e imperios del sol en 1662. Esta obra de ficción cómica se centra en el viaje de un hombre llamado Christian de Neuvillette a través de los planetas del sistema solar. Durante su viaje, Christian conoce a una variedad de personajes extravagantes, incluyendo una princesa de la luna, una reina de los planetas, una tribu de seres humanos con alas, una ciudad de hombres con cabezas de caballo y una ciudad de hombres con cabezas de perro. Christian también se encuentra con una variedad de criaturas fantásticas, como una raza de gigantes, una tribu de hombres con alas de murciélago, una tribu de hombres con alas de águila y una tribu de hombres con alas de ángel. Christian también se encuentra con una variedad de dioses y diosas, como el dios de la luz, el dios de la oscuridad, el dios de la guerra y el dios de la sabiduría. Al final de su viaje, Christian descubre que todos los planetas están gobernados por una sola entidad, el Sol, que es el único que puede unir a todos los planetas en un solo imperio. Christian regresa a la Tierra con la esperanza de que su viaje ayude a unir a todos los planetas en un solo imperio. Sin embargo, descubre que la Tierra está en guerra con los otros planetas. Christian entonces se embarca en una aventura para detener la guerra y unir a todos los planetas en un solo imperio. Al final de la historia, Christian logra su objetivo y todos los planetas se unen en un solo imperio bajo el gobierno del Sol.

By Cyrano de Bergerac · First published 1657 · Genre: Comedy, Historical Fiction, Adventure · 2 chapters · 53.652 palabras

Primeras líneas

Nuestro barco llegó al abra de Tolón, y luego de dar gracias al viento y a las estrellas por el buen término de nuestro viaje, nos abrazamos todos en el puerto y nos dijimos adiós. En cuanto a mí, como en el mundo de la Luna, del que entonces regresaba, el dinero se substituye con versos y yo casi había perdido el recuerdo de tenerlo, el piloto consideró pagado mi pasaje con el honor de haber llevado en su navío a un hombre caído del Cielo. Nada nos impidió, pues, llegar hasta cerca de Tolosa, donde tenían su casa unos amigos míos. Ardía yo en deseos de verlos porque pensaba que les produciría mucha alegría con la narración de mis aventuras. No os enojaré a vosotros contándoos todo lo que me sucedió en el camino; me cansé, descansé, tuve sed, tuve hambre, bebí y comí. Aunque en seguida me rodeasen los veinte o treinta perros que componían la jauría de mi amigo, y aunque yo fuese vestido con muy poco aseo y estuviese delgado y tostado por el Sol, mi amigo me reconoció en seguida, y arrebatado por la alegría se tiró a mi cuello, y luego que me besó más de cien veces todo tembloroso de contento, me llevó hacia su castillo, y ya en éste, cuando las lágrimas de su alegría se detuvieron dando lugar a su voz, la soltó a semejantes razones: «Por fin vivimos y viviremos a pesar de todas las desgracias con que la fortuna ha peloteado nuestra vida; ¡Dios mío!, realmente no es cierto el rumor que corrió de que habíais sido quemado en el Canadá, en la hoguera de un fuego artificial que vos inventasteis. Y, sin embargo, dos o tres personas de cabal juicio entre las muchas que me dieron tan tristes noticias me han jurado que habían visto y tocado ese pájaro de madera con el cual volasteis. Me contaron que, por desgracia, habíais entrado dentro en el preciso momento que le prendían fuego, y que la rapidez que adquirieron al quemarse los cohetes que habían atado en torno de la máquina os elevaron a tanta altura que todos los allí presentes os habían perdido de vista. Y según ellos me juraban, os habíais quemado tan completamente, que al caer la máquina al suelo tan sólo se encontró en ella una pequeñísima parte de vuestras cenizas». «Señor, estas cenizas -le contesté yo- no eran sino de la máquina, porque a mí el fuego no me hizo ningún daño. El artificio estaba atado por la parte de fuera y su calor, por consiguiente, no podía hacerme daño a mí.

Qué documenta esta página de Textopian

Historia cómica de los estados e imperios del sol figura en Textopian como novela de Cyrano de Bergerac, con fecha de 1657 d. C.

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