
Un alguacil, enfurecido por el cuento del fraile, monta en cólera y anuncia que contará una historia sobre los frailes antes de relatar primero un cuento breve: la visión de un fraile llevado por un ángel al infierno, donde no encuentra a ningún fraile hasta que el ángel ordena a Satanás levantar su rabo, de cuyo culo salen veinte mil frailes zumbando como abejas antes de regresar a esconderse allí, revelando que ese es el hogar natural de toda su tribu. A continuación narra su cuento principal: en Holderness, Yorkshire, un fraile mendicante predica en una iglesia exhortando a los fieles a pagar misas por los difuntos y a donar para la construcción de conventos, en vez de dar limosnas a los clérigos beneficiarios. Tras el sermón, recorre las casas mendigando trigo, malta, cebada, queso, carne y dinero, acompañado de un compañero que anota los nombres de los donantes en tabletas de marfil para luego borrarlos. El fraile llega a casa de Tomás, un hombre enfermo postrado en cama, a quien suele visitar. Saluda con afecto excesivo a Tomás y a su esposa, a quien besa y halaga. La esposa se queja de que Tomás es colérico y difícil de complacer pese a los cuidados que recibe, y cuenta que su hijo murió hacía dos semanas. El fraile afirma haber tenido una revelación de que el niño entró al cielo media hora después de morir, y se explaya en un largo sermón sobre las virtudes de los frailes: su pobreza, ayuno, pureza y humildad, comparándose con figuras bíblicas como Moisés, Elías y Aarón, y contrastando su virtud con la gula y pompa de los clérigos beneficiados. Tomás replica que ha gastado mucho dinero en frailes sin ninguna mejora en su salud. El fraile lo reprende por acudir a "toda clase de frailes" en vez de confiarse a uno solo, y le sermonea extensamente contra la ira, citando el ejemplo de un juez colérico que condena a muerte a tres caballeros inocentes por un malentendido, y el de Cambises, un rey borracho y colérico que mata al hijo de un noble de un flechazo para demostrar que el vino no afecta su puntería, así como el de Ciro, que destruyó un río por despecho. El fraile insta a Tomás a no discutir con su esposa y a hacerle una confesión completa, que Tomás rechaza pues ya se confesó ese día con su párroco. El fraile entonces pide dinero para construir el claustro de su convento, alegando deudas de cuarenta y cuatro libras en piedras, y se arrodilla suplicando ayuda. Tomás, furioso, accede a darle algo con la condición de que lo reparta equitativamente entre todos los frailes del convento, y le hace jurarlo. Luego le pide que meta la mano bajo sus nalgas para encontrar lo escondido allí; cuando el fraile busca a tientas, Tomás suelta un sonoro pedo en su mano. El fraile, indignado, jura vengarse y es expulsado por los criados de la casa. El fraile, colérico, acude a la mansión de un noble del que es confesor, quien está comiendo con su esposa. Le relata lo sucedido, y la señora de la casa condena el acto de Tomás como vulgar y necio. El señor de la mansión, sin embargo, queda absorto pensando en el enigma de cómo dividir equitativamente el sonido y el olor de un pedo entre todos los frailes del convento, maravillándose de que a Tomás se le haya ocurrido tal cosa. El escudero Jankin, que trinchaba la carne junto a la mesa, ofrece resolver el enigma a cambio de una pieza de tela para un traje: propone traer una rueda de carro con doce radios, colocar a doce frailes con la nariz en el extremo de cada radio y al decimotercero —el confesor— con la nariz bajo el centro de la rueda, y situar a Tomás sobre el eje para que suelte el pedo, de modo que el sonido y el olor lleguen por igual a cada radio, correspondiendo al confesor la primacía de recibirlo primero por su eminencia. El señor de la mansión, su esposa y todos los presentes, salvo el fraile, alaban la agudeza de Jankin comparándolo con Euclides o Ptolomeo, y reconocen que Tomás no era ningún loco sino un hombre de gran astucia. Así, Jankin obtiene su traje nuevo, y el cuento termina cuando el grupo de peregrinos está a punto de llegar a la ciudad.
By Geoffrey Chaucer · First published 1386 · Genre: Fiction, Medieval Literature, Romance · 2 chapters · 6,003 words
El alguacil se puso en pie sobre los estribos de su montura, ciego de rabia contra el fraile, estremeciéndose de ira como una hoja de álamo temblón. -Caballeros -dijo él-, solamente les pido un favor: ahora que acaban de escuchar las mentiras de este fraile hipócrita, les ruego que me permitan contarles un cuento. El fraile alardea de que lo sabe todo sobre el infierno, y Dios sabe que no hay que maravillarse por ello, pues hay poco que escoger entre frailes y diablos. ¡Rediez! Creo que habréis escuchado con demasiada frecuencia la historia de aquel fraile que tuvo una visión de que su alma era arrebatada hacia el infierno; y cuando el ángel le llevó a mostrarle todos los tormentos, no vio un solo fraile en todo el lugar, aunque vio muchísima otra gente que lo pasaba muy mal. Por lo que el fraile le dijo al ángel:
El cuento del alguacil is listed on Textopian as a short story by Geoffrey Chaucer, dated 1386 CE.
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