Las babas del diablo

Las babas del diablo de Julio Cortázar (1959)

Roberto Michel, traductor franco-chileno y fotógrafo aficionado, sale un domingo 7 de noviembre a caminar por los muelles del Sena en París y llega a la punta de la isla Saint-Louis, donde se sienta en el parapeto a disfrutar del sol tras una mañana de viento. Allí observa a un muchachito de unos catorce o quince años, vestido con guantes que parecen prestados de un hermano mayor, que conversa nervioso, azorado y receloso con una mujer rubia envuelta en un abrigo de piel casi negro. Michel interpreta la escena como un juego de seducción: la mujer retiene al chico contra el parapeto mientras él, entre el miedo y la vergüenza, no se atreve a huir. Michel advierte también un auto detenido cerca, con un hombre de sombrero gris que finge leer el diario, y sospecha que también forma parte de lo que ocurre. Antes de que el encuentro se disuelva, levanta su cámara Contax y toma una fotografía de la pareja. La mujer, furiosa al advertirlo, le exige el rollo; Michel se niega apelando al derecho a fotografiar en lugares públicos, y en la discusión el chico aprovecha para escapar corriendo. El hombre del sombrero gris se acerca entonces, con gesto amenazante y una mueca temblorosa en la boca, y por un instante los tres —Michel, la mujer y el hombre— quedan enfrentados en un tenso triángulo, hasta que Michel se aleja riendo. Días después, Michel revela las fotos del domingo y, junto a tomas de la Conserjería y la Sainte-Chapelle, amplía la imagen de la mujer y el chico hasta un tamaño casi de afiche, fijándola en la pared de su cuarto de un quinto piso. Mientras trabaja en la traducción de un tratado del profesor José Norberto Allende, se sorprende mirando la fotografía una y otra vez, satisfecho de haber ayudado al chico a escapar de lo que interpreta como una trampa. Pero al cabo de unos días, mientras escribe, cree ver que la imagen fotografiada cobra movimiento: la mano de la mujer se cierra dedo por dedo, el chico agacha la cabeza como acorralado, y el hombre del sombrero gris se acerca a ambos con actitud de amo que espera su presa. Michel comprende entonces —o cree comprender— que la mujer no actuaba para sí misma sino como señuelo al servicio del hombre, y que su fotografía había interrumpido, y ahora amenazaba con dejar consumarse, una corrupción planeada contra el muchacho. Presa de una angustia creciente y sintiéndose impotente, prisionero de su propio cuarto y de un tiempo distinto al de la escena, grita y avanza hacia la imagen; ve pasar un gran pájaro fuera de foco y, al recuperar la visión, descubre con alivio que el chico vuelve a huir, esta vez definitivamente, mientras la figura del hombre —boca entreabierta, manos que se alzan— crece hasta ocupar y borrar todo el cuadro, la isla y el árbol. Michel rompe a llorar. El relato cierra con Michel, ya reducido a la sola contemplación del rectángulo de cielo fijado en la pared de su cuarto, describiendo el paso incesante de nubes, lluvias y palomas que desde entonces ocupan la imagen en lugar de la escena original.

By Julio Cortázar · First published 1959 · Genre: Literary Fiction, Psychological Fiction, Short Story · 6354 palabras

Primeras líneas

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos.

Qué documenta esta página de Textopian

Las babas del diablo figura en Textopian como cuento de Julio Cortázar, con fecha de 1959 d. C.

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