
La obra presenta una reflexión sobre el valor y la percepción de las monedas de níquel, simbolizando la humildad y la dignidad de las clases trabajadoras. A través de la personificación de una moneda, se exploran temas de riqueza, virtud y la lucha por el reconocimiento en una sociedad que desprecia lo modesto. La moneda narra su vida, destacando su origen noble y su destino de desprecio, contrastando su existencia con la de las monedas de oro, que representan la codicia y la corrupción. La moneda se siente olvidada y menospreciada, a pesar de su honestidad y su capacidad para proporcionar felicidad a quienes la valoran. Relata cómo, a menudo, es ignorada en favor de las monedas más brillantes y deseadas, que llevan a la perdición a quienes las buscan. A través de su historia, se critica la superficialidad de la sociedad, que prefiere lo ostentoso y lo efímero, mientras que lo auténtico y lo valioso se queda en la sombra. El protagonista, al interactuar con la moneda, experimenta un cambio de perspectiva. La moneda le recuerda que su valor no radica en su apariencia, sino en su esencia y en lo que puede ofrecer. A lo largo de la narración, se pone de manifiesto la lucha interna del protagonista entre el deseo de lo superficial y la búsqueda de lo verdadero y significativo. La obra culmina en una reflexión sobre la importancia de reconocer y valorar lo que realmente importa, más allá de las apariencias. La moneda, a pesar de su condición, se erige como un símbolo de resistencia y dignidad, invitando al lector a reconsiderar sus propias prioridades y valores en un mundo que a menudo se deja llevar por lo material.
By Manuel Gutiérrez Nájera · First published 1896 · Genre: Literary Fiction, Social Commentary, Satire · 3,242 words
NUNCA pensé que las monedas de níquel, tan humildes y pobrecitas como son, trajesen alarmados a los gobernantes, a los economistas, a los escritores y a las amas de casa. Las monedas de níquel, generalmente hablando, son honradas. No visitan las casas de juego, ni brincan, como duendes familiares, en las rodillas de una hermosa. Las monedas de níquel no han corrompido nunca la virtud de una mujer. Muy al contrario, son modestas, trabajadoras, recatadas. Su habitación es el bolsillo de las costureras honestas, que se conforman con hacer vestidos para otras, y con desvestirse una vez al día, y eso a oscuras. Como sus dueñas, andan mal vestidas; por eso el mundo, tan pagado de apariencias, las mira con desdén y compasión. Los gomosos las alojan en el sitio peor; esto es, en los bolsillos de sus pantalones. La cartera de piel de Rusia y broches de oro es para los billetes de Banco, para las cartas de las novias y para los boletos de empeño; los bolsillos del chaleco son para las monedas más formales: ¿a dónde, pues, iría a abrigarse el níquel, sin las holgadas bolsas del pantalón, que vienen siendo como el cuarto del portero o como la escalera de servicio? De esa vivienda, que nada tiene de lujosa y pulcra, pasan a las manos de algún granuja cerillero, de un mendigo, o de un empleado de Ramón Guzmán. Algunas, y éstas son las dadas a la vida alegre, prefieren acompañar en su abandono a los mozos de café. Con las señoras, no es menos ingrato su destino. Las hacendosas suelen llevarlas en los bolsillos de su delantal, mientras se ocupan en las haciendas de la casa. Para esas púdicas monedas son los bochornos de la cocina, el áspero contacto de las manos que trabajan, los ladrillos del brasero y los araños del canasto. Son decentes; nacieron en la Cámara de Diputados; conocen a Carbajal y a Pancho Bulnes; su cuna se meció en un departamento del Palacio, y, para recibir las aguas del bautismo, atravesaron la suntuosa escalera de la Escuela de Minas; pero las monedas de níquel pertenecen a la clase de las mujeres honradas pero pobres, como la Biblioteca de mi más querido amigo el señor don Manuel Gutiérrez Nájera. Las monedas de níquel pertenecen a una familia distinguida; pero han venido a menos y tienen que codearse, en el cesto de las compras, con rábanos, zanahorias y lechugas. Viven, por así decirlo, en casa de vecindad. No van a bailes, ni frecuentan los salones del «Jockey Club», ni juegan al póquer con Rafael David, ni apuestan a Colonche contra Halcón, ni salen en tren expreso a recibir al marqués de San Basilio.
La moneda is listed on Textopian as a short story by Manuel Gutiérrez Nájera, dated 1896 CE.
This source record anchors work identity, reading entry points, and catalog context for checking claims about the work.
Novela · Realismo · México · Siglo XIX · Historia · Ficción · Literatura mexicana · Vida cotidiana · Clase media · Economía · Política · Sociedad