El jardín engañoso

El jardín engañoso de María de Zayas y Sotomayor

En Zaragoza, un caballero rico y noble tiene dos hijas, Constanza y Teodosia, ambas bellísimas. Don Jorge, mayorazgo de otra casa noble de la ciudad, se enamora de Constanza, quien le corresponde con honesto recato, esperando que la pida a su padre. Federico, hermano menor de don Jorge, ama en secreto a Teodosia, pero esta le aborrece porque a su vez ama en secreto a don Jorge. Constanza, notando la tristeza de Federico, descubre su amor por Teodosia e intercede por él, lo que despierta los celos de don Jorge al verla conversar a solas con su hermano. Tras un desabrido encuentro entre Constanza y don Jorge, Teodosia aprovecha la ocasión para mentirle: le asegura que Constanza y Federico se aman y tienen palabra de casamiento. Ciego de celos, don Jorge lleva a Federico al campo con engaños y lo mata de una estocada; luego huye a Barcelona y se embarca hacia Nápoles. Federico es hallado muerto sin que se sepa el agresor, aunque la fuga de don Jorge alimenta sospechas. Solo Teodosia conoce la verdad y calla. Muere el padre de las hermanas, dejándolas ricas bajo el amparo de su madre, Fabia. Pasan más de dos años sin noticias de don Jorge; Constanza va olvidándolo, no así Teodosia. Llega entonces a Zaragoza un hidalgo montañés llamado Carlos, pobre pero noble, que se enamora de Constanza al verla desde su posada frente a la casa de ella. Para conseguirla sin arriesgarse a un rechazo por su pobreza, trama un engaño: se hace amigo de Fabia y finge una grave enfermedad (un tabardillo), hasta el punto de recibir los sacramentos y hacer testamento, dejando toda su hacienda a Constanza. Conmovida, Fabia se lo agradece; Carlos, ya con la voluntad de madre e hija ganada, sana progresivamente y termina casándose con Constanza, a quien luego confiesa el engaño. Ella, discreta, lo toma con gracia y viven felices, teniendo dos hijos. Cuatro años después de la muerte de Federico, don Jorge regresa a Zaragoza tras recorrer Italia, Piamonte y Flandes, seguro de que nadie le atribuye la muerte de su hermano. Finge dolor por Federico ante sus padres y es recibido con alegría, también por Teodosia, que sigue callando su culpa. Al hallar a Constanza casada, don Jorge se entristece pero decide cortejarla igualmente con paseos, músicas y regalos, dando que hablar en la ciudad; ella lo rechaza siempre con frialdad. Teodosia, que sufre viéndolo perseguir a su hermana y ser despreciada ella misma por don Jorge, cae gravemente enferma de pena. Constanza, para salvar a su hermana y librarse del acoso, decide hablar con don Jorge: le propone que, ya que no puede corresponderle, tome a Teodosia por esposa. Don Jorge se niega, declarando que solo a Constanza amará hasta la muerte. Ella entonces, medio en burla, le plantea un imposible como condición: si él logra construir, de la noche a la mañana, un jardín en la placeta frente a su casa tan bello como los pensiles de Semíramis en Babilonia, ella se pondrá en su poder; si no, deberá renunciar a ella y aceptar casarse con Teodosia. Desesperado en el campo, don Jorge es abordado por el demonio, que se ofrece a construir el jardín a cambio de su alma, mediante una cédula firmada de su mano. Don Jorge acepta y firma. A la mañana siguiente el jardín aparece completo, con fuentes, cuadros, árboles y pájaros. Carlos lo descubre desde su ventana y despierta a toda la casa. Constanza, al comprobar que la imposible condición se ha cumplido, se desmaya; al volver en sí, pide a su esposo que le quite la vida para salvar su honra, contando públicamente todo lo ocurrido con don Jorge desde el principio. Carlos, conmovido y más enamorado que nunca, se niega a matarla y, para que ella cumpla su palabra sin que él sea estorbo, intenta atravesarse con su propia espada. Don Jorge se lo impide sujetándole el brazo, y, admirado de tal nobleza, renuncia a su pretensión sobre Constanza, liberándola de su promesa. En ese momento se aparece el demonio con la cédula, y, proclamando que no será menos virtuoso que ellos, devuelve a don Jorge el papel liberándolo del pacto; luego desaparece entre un gran estruendo y una humareda, y con él el jardín. Don Jorge, de rodillas, da gracias a Dios por su liberación y pide entonces a Constanza la mano de Teodosia, pidiendo perdón por sus importunaciones. Constanza acepta gustosa, abrazándolo como a un hermano. Don Jorge y Teodosia se desposan ese mismo día, con Carlos y Constanza como padrinos, y se celebran grandes fiestas en la ciudad. Vivieron muchos años con hermosos hijos, sin que se supiera jamás que don Jorge había matado a Federico, hasta que, tras la muerte de don Jorge, Teodosia contó el suceso, dejándolo escrito de su mano al morir, y proponiendo como enigma final cuál de los tres —Carlos, don Jorge o el demonio— obró mejor, otorgando a quien lo determinase el título de más entendido.

By María de Zayas y Sotomayor · First published 1647 · Genre: Romance, Historical Fiction, Drama · 7980 palabras

Primeras líneas

No ha muchos años que en la hermosísima y noble ciudad de Zaragoza, divino milagro de la naturaleza y glorioso trofeo del Reino de Aragón, vivía un caballero noble y rico, y él por sus partes merecedor de tener por mujer una gallarda dama, igual en todo a sus virtudes y nobleza, que este es el más rico don que se puede alcanzar. Diole el cielo por fruto de su matrimonio dos hermosísimos soles, que tal nombre se puede dar a dos bellas hijas: la mayor llamada Constanza, y la menor Teodosia; tan iguales en belleza, discreción y donaire, que no desdecía nada la una de la otra. Eran estas dos bellísimas damas tan acabadas y perfectas, que eran llamadas, por renombre de riqueza y hermosura, las dos niñas de los ojos de su patria.

Qué documenta esta página de Textopian

El jardín engañoso figura en Textopian como novela corta de María de Zayas y Sotomayor, con fecha de 1647 d. C.

Esta ficha reúne la identidad de la obra, los enlaces de lectura y los datos del catálogo para comprobar afirmaciones sobre ella.

Cómo citar esta página

Obras similares

Géneros

Etiquetas

alma · amor · así · aunque · bien · carlos · constanza · cuento · dama · dando · dar · dijo

More by María de Zayas y Sotomayor