Día blanco de María Gabriela Seraniti Arater

Un día se presenta en toda su blancura y llaneza, como un espacio limpio y abierto que invita a la contemplación y al encuentro íntimo con la existencia. La voz poética lo interpela directamente, pidiéndole que no le niegue su fruto fresco y mágico, ese don vital que el día ofrece a quien sabe recibirlo. El día es percibido como una entidad viva, casi como un interlocutor que acompaña paso a paso las dudas, las palabras y el llanto del ser humano que lo habita. La hablante lírica declara vivir ese día de manera plena y sensorial, sintiéndolo desde adentro, y le solicita que el propio llanto humano sirva para inundar y saciar a las flores, los limos y los sauces, transformando así el dolor y la emoción personal en un acto de nutrición hacia la naturaleza. El lloro no es aquí símbolo de derrota sino de entrega fértil, de un derramarse que alimenta y da vida a lo que crece cerca del agua y de la tierra húmeda. A lo largo del poemario, esta tonalidad inaugural se mantiene y se expande. La blancura inicial no es vacío sino potencia, una pizarra de luz sobre la cual la experiencia humana escribe sus marcas más profundas. El tiempo del día se convierte en una unidad existencial que contiene multitudes: la incertidumbre, la ternura, la búsqueda espiritual, el vínculo con los elementos naturales y la memoria emocional. La naturaleza ocupa un lugar central y persistente. El agua en sus múltiples formas, la tierra, las plantas y los árboles no son mero decorado sino participantes activos de una conversación que la voz poética sostiene con el mundo exterior. Esa conversación es simultáneamente íntima y cósmica, porque lo que se debate en cada imagen es la relación entre el yo interior y la vastedad de lo que existe más allá de ese yo. El llanto, las dudas y las frases mencionados desde el comienzo van desplegándose como hilos de un tejido mayor que explora la vulnerabilidad como forma de apertura. No se trata de una poesía de la queja sino de una poesía de la entrega consciente, donde reconocer el dolor propio y ofrecerlo al entorno natural constituye un gesto de integración y de pertenencia al ciclo mayor de la vida. La temporalidad del día funciona como estructura simbólica que organiza la experiencia: cada momento del día trae consigo una textura distinta de la conciencia, un estado emocional particular, una manera diferente de relacionarse con la luz, con la sombra, con el silencio y con el sonido. El día blanco del comienzo es tanto el amanecer literal como el estado de apertura con que el ser humano puede elegir enfrentar su propia existencia. La musicalidad del lenguaje es uno de los elementos más sostenidos del conjunto. Las pausas marcadas en los versos, el ritmo entrecortado que imita la respiración y el pensamiento en movimiento, crean una cadencia que acompaña emocionalmente al lector y lo introduce en el estado contemplativo que el texto propone. Las imágenes son sencillas en su superficie pero densas en sus resonancias, construidas con palabras que pertenecen al vocabulario cotidiano de la naturaleza y del cuerpo. Lo mago, lo tibio y lo fresco conviven en una misma imagen como dimensiones distintas de una misma realidad deseada. Lo mago sugiere una dimensión encantada de la experiencia, un exceso de sentido que va más allá de lo racional y que la poesía busca capturar y transmitir. Lo tibio habla de una temperatura justa, ni ardiente ni fría, el punto de equilibrio en que la vida es sostenible y placentera. Lo fresco introduce la idea de lo nuevo, de lo que acaba de nacer y todavía no ha sido tocado por el agotamiento. En su conjunto, el poemario construye una ética de la presencia, una invitación a habitar el día con totalidad, a no escindirse de la experiencia sino a dejarse atravesar por ella. La voz que habla es una voz que ha conocido la distancia y el entumecimiento y que elige, activamente, volver a sentir, volver a exponerse, volver a pedir al mundo que le entregue su racimo. Esa elección repetida, renovada en cada poema, es el corazón del libro.

By María Gabriela Seraniti Arater · First published 2012 · Genre: Literary Fiction, Psychological Drama, Contemporary Fiction

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