Para que me coma

Para que me coma de María Olivia Meixueiro

Una voz poética navega por los territorios de la pérdida, el agotamiento existencial y la búsqueda de sentido en un tiempo marcado por la crisis colectiva. Desde el primer verso, la hablante se entrega a una fuerza que la devora y la expulsa para comenzar de nuevo: un ciclo que alude tanto a la destrucción como a la posibilidad de regeneración, aunque esa posibilidad se perciba lejana y esquiva. El punto de partida es la desorientación radical. El suelo que sostenía a la hablante ha desaparecido por completo, no solo el tapete metafórico sino el piso entero, es decir, las certezas, las rutinas, los marcos de referencia que organizaban la existencia. Lo que antes era un mar de posibilidades se ha reducido a un charco. La motivación, que alguna vez llegaba de manera espontánea y natural como una brisa, ahora exige un esfuerzo titánico para ser convocada. Este agotamiento no es pereza ni derrota moral, sino el resultado de vivir en un mundo que ha cambiado de forma violenta e irreversible, un mundo que la hablante identifica como el año del muerto, referencia que ancla el poemario en el tiempo pandémico sin nombrarlo directamente. A lo largo del texto, la escritura se construye como un espacio de contradicción productiva. La hablante sabe que debe adentrarse, intentarlo, dar el salto, pero reconoce que no está lista y que la fe escasea. No hay heroísmo fácil ni resolución tranquilizadora. Sin embargo, tampoco hay rendición total. La vida, se intuye, persiste en acumularse de sentido incluso cuando una no lo busca activamente, incluso cuando el cuerpo y el espíritu están exhaustos. El cuerpo ocupa un lugar central en la obra. No es únicamente metáfora sino territorio concreto donde el malestar se asienta y donde también emergen pequeños destellos de presencia. Las sensaciones físicas, el dolor en el corazón al pensar, el cansancio de sacarle vida a la vida, la dificultad de percibir algo tan simple como el viento, funcionan como registro honesto de una subjetividad que se resiste a disociarse de su materialidad. La hablante no flota sobre su experiencia: la habita, la padece, la escribe desde dentro. El lenguaje poético que sostiene todo esto es deliberadamente cercano, casi conversacional, con rupturas de verso que imitan el pensamiento que se interrumpe a sí mismo, que duda, que abre paréntesis para matizar o corregir lo que acaba de decir. Los paréntesis son frecuentes y significativos: introducen la voz crítica, la que cuestiona, la que añade información que complica la afirmación principal. Este recurso formal refleja una conciencia que no puede darse el lujo de la certeza, que siempre está negociando consigo misma. La obra también explora la relación entre escritura y supervivencia. Escribir no se presenta como acto sublime ni como salvación garantizada, sino como algo que se hace porque es lo que hay, porque el lenguaje es el instrumento disponible para no fragmentarse del todo. Hay en esa escritura una ética de la honestidad que se niega a adornar el dolor ni a fingir salidas que no existen todavía. El tiempo atraviesa el poemario de manera no lineal. Hay un antes donde las cosas fluían, donde la emoción llegaba sola, donde el mundo tenía dimensión oceánica, y hay un ahora contraído, reducido, que exige reinventarse sin contar con los recursos que antes estaban disponibles. La hablante no idealiza el pasado pero lo extraña, y esa extrañeza es lúcida: sabe que no puede volver, que el regreso no es la solución, pero el contraste entre ambos tiempos le permite medir la magnitud de lo perdido. Lo que articula finalmente esta obra es una poética de la resistencia sin épica. No hay triunfo, no hay iluminación, no hay momento catártico que lo resuelva todo. Hay una voz que continúa, que se cansa y continúa, que duda y continúa, que encuentra en el acto mismo de nombrar su agotamiento una forma mínima pero real de seguir existiendo. La vida, incluso en su versión más reducida y dolorosa, persiste en estar cargada de algo, y esa persistencia, incómoda y sin garantías, es el núcleo desde el cual habla todo el texto.

By María Olivia Meixueiro · First published 2012 · Genre: Literary Fiction, Psychological Thriller, Dark Fiction · 281 words

First lines

Para que me coma, me devore, me escupa y vuelva a empezar, de nuevo y de nuevo y de nuevo.

El problema es que ahora no hay mundo

(como había) y yo tampoco me siento muy lista para tomar aquel salto, ni tampoco me encuentro cargada de fe.

Me arrebataron de abajo el tapete, no sólo el tapete, sino el piso entero.

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