Explore "Sin compañía" by Hector Aguilar Camin on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando me divorcié en el 75 tuve, como todos, mi gajo de epopeya amorosa. Las más locas caricias soñadas sin esperanza a la vera de mi lazo conyugal, las más jugosas transgresiones, los más tiernos amores me fueron concedidos por el cielo, y por el celo incesante y ecuménico de mi recién adquirida soltería. Nadie es tan ávido soltero en busca del tiempo perdido y del amor ocasional, como el divorciado novel. Es el verdadero Don Juan, el hombre que corre sin riendas huyendo de la cárcel de la costumbre marital, hacia la insaciable intemperie de la libertad que exige cada noche un cuerpo nuevo.
Recuerdo haberme empeñado en llevar a la cama a las más increíbles mujeres por las más dispares y mitómanas de las razones: porque la hubiera traído a la fiesta mi mejor amigo, porque hubiera entonado bien un verso firme de Guantanamera, porque osara gritarme "macho" debido sólo a que, acabando de conocerla, le hubiera pedido sin más pasar al cuarto, y otras audacias típicas del estado práctico y genérico de divorcio.