Explore "La náusea" by Jean-Paul Sartre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Trabajé dos horas en la sala de lectura. Bajé al patio de las Hipotecas para fumar una pipa. Plaza pavimentada con ladrillos rosados. Los bouvilleses se enorgullecen de ella porque data del siglo XVIII. A la entrada de la calle Chamade y de la calle Suspédart, viejas cadenas impiden el acceso a los coches. Señoras de negro, que sacan a pasear a sus perros, se deslizan bajo las arcadas, a lo largo de las paredes. Rara vez se adelantan hasta la luz del día, pero echan juveniles miradas, de soslayo, furtivas y satisfechas, a la estatua de Gustave Impétraz. No han de saber el nombre de ese gigante de bronce, pero bien ven por su levita y su chistera, que perteneció al gran mundo. Tiene el sombrero en la mano izquierda y apoya la derecha en una pila de infolios; es en cierto modo como si el abuelo estuviera allí, sobre ese zócalo, modelado en bronce. No necesitan mirarlo largo rato para comprender que pensaba como ellas, exactamente como ellas sobre todos los asuntos.
Ha puesto su autoridad y la inmensa erudición extraída de los infolios que aplasta con su mano pesada, al servicio de sus pequeñas ideas estrechas y sólidas. Las señoras de negro se sienten aliviadas, pueden entregarse tranquilamente a las preocupaciones de la casa, a pasear el perro; ya no tienen la responsabilidad de defender las santas ideas, las buenas ideas de sus padres; un hombre de bronce se ha erigido en defensor de ellas.