El clásico en el México antiguo by Enrique Nalda

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La urbanización de Teotihuacán fue un proceso largo y también único en la historia prehispánica. Entre 150 a. C. y el inicio de nuestra era, abarcaba tan sólo 9 km2, pero 150 años después llegó a ocupar una superficie de 22 km2, la misma que tuvo la ciudad cuando vivía, a fines del Clásico, su clímax demográfico. Fue entonces cuando se levantaron edificios monumentales a lo largo de la Calle de los Muertos; uno de ellos, ligeramente desplazado hacia el este, sería el basamento piramidal, hoy emblemático, conocido como la Pirámide del Sol. Esa calle, eje rector del asentamiento desde entonces, se prolongaría en el Clásico hasta el cerro Patlachique; desde este punto hasta su remate, en el complejo arquitectónico de la Pirámide de la Luna, son alrededor de cinco kilómetros.

El trazo de la ciudad, su extensión, el tamaño de su población -que, como ya señalamos, hacia mediados del siglo II de nuestra era ya tenía 94 000 habitantes-, su relativa alta densidad demográfica y sus artesanos de tiempo completo -que dependían de los excedentes alimentarios producidos por los agricultores del sitio o de la región- le daban al lugar el carácter de una verdadera ciudad. Pero era, en realidad, una ciudad de bajo nivel de urbanización. No sería hasta ya bien entrado el Clásico (150-650 d. C.) cuando Teotihuacán se convirtió en fuerte imán de la población rural a su alrededor. Su crecimiento sin duda obligó a introducir cambios en su organización. Se trazó un eje adicional, el eje este-oeste que cruza el centro de la ciudad, interrumpido en su trazo por la Ciudadela y el Gran Complejo.

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