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El éxodo y la dispersión de la población teotihuacana y de las ciudades mayas de las tierras bajas del sur produjeron nuevas oportunidades. Los habitantes del centro de México volvieron a distribuirse: antiguos residentes de Teotihuacán se reubicaron en diferentes puntos de la Cuenca de México, sobre todo en las orillas de sus lagos. A partir del estudio de la cerámica de estas comunidades (conocida genéricamente como Coyotlatelco) se han definido diversas áreas de asentamiento para esa época. La primera es la región entre Azcapotzalco y Ecatepec, en el borde poniente del Lago de Texcoco, la cual comprende, además, las poblaciones de Ahuizotla, Tenayuca y Cerro Tenayo; la segunda es la región de Chalco-Xochimilco, en la que destacan los sitios de Chalco y Xico; la tercera es Cerro Portezuelo, ubicado en la margen oriental del Lago de Texcoco.
Otros grupos teotihuacanos, quizá la mayoría, migraron hacia las regiones vecinas: al Valle de Toluca habrían llegado desplazándose a través de la región Azcapotzalco-Ecatepec; a Tlaxcala, siguiendo la ruta oriental. La escasez de materiales Coyotlatelco en los valles de Morelos es no obstante notoria, sin duda porque nunca fue un territorio dominado por Teotihuacán o de interés para la metrópoli.