Explore "Tiempos recios" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Generalísimo Trujillo miró su reloj: cuatro minutos para las seis de la mañana. Johnny Abbes García comparecería a las seis en punto, hora en que lo había citado. Probablemente llevaba un buen rato sentado en la antesala. ¿Lo haría pasar de inmediato? No, mejor esperar a que fueran las seis en punto. El Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo no sólo era un maniático de la puntualidad; también de la simetría: las seis eran las seis, no las seis menos cuatro minutos.
¿Había acertado cuando becó a ese periodista hípico de flojas carnes, barrigudo, miope y de andares de camello, para que fuera a seguir aquellos estrambóticos cursos de ciencias policiales en México? Averiguó antes algunas cosas: su padre era un contador honorable y él un periodista del montón, algo bohemio, especializado en caballos; tenía un programita hípico en una radio; se reunía con poetastros, escribidores, artistas y bohemios (probablemente antitrujillistas) en la Farmacia Gómez, de la calle El Conde, en la ciudad colonial de Ciudad Trujillo. Se lo oía a veces jactarse de ser un rosacruz. Se lo veía de tanto en tanto en burdeles, pidiendo rebajas a las prostitutas para que se dejaran hacer las porquerías que le gustaban, y asistiendo puntualmente al hipódromo Perla Antillana los días de carreras. Cuando el Generalísimo recibió una carta suya pidiéndole ayuda para ir a México a seguir aquellos cursos policiales, tuvo una corazonada.