Explore "Tiempos recios" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
El coronel Carlos Castillo Armas abrió los ojos sin necesidad del despertador a las cinco y media en punto de la mañana, como todos los días. Aunque se hubiera acostado muy tarde -algo a lo que su cargo de Presidente de la República lo obligaba muchos días-, su cuerpo se había acostumbrado a levantarse con las primeras luces desde que era caballero cadete de la Escuela Politécnica. Para no despertar a Odilia, se fue en puntas de pie al baño a afeitarse y ducharse. Al ver en el espejo su cara enflaquecida y con ojeras, y el pijama que se le escurría en las hombreras y en la cintura, advirtió que había perdido peso otra vez. No era para menos. Con los dolores de cabeza que le daba cada día, desde hacía tres años, la banda de inútiles y de traidores de que estaba rodeado, no era extraño que siguiera escurriéndose. La comida no había sido nunca muy atractiva para él; el trago, en cambio, sí.
Pero, últimamente, los alimentos le producían incluso disgusto y tenía que forzarse para comer un poco de fruta en el desayuno y, cuando no tenía almuerzos oficiales, la tortilla con fríjoles y chile que era su menú habitual. En las noches se imponía comer un plato al menos y, eso sí, tomarse uno o dos tragos de ron para relajarse un poco y olvidar el amargo sabor que de un tiempo a esta parte le dejaban las frustraciones y rabietas cotidianas.