Explore "El Transitus Mariae" by Pierre Crépon on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, crucificado por la vida del mundo entero, estaba atado al madero de la cruz, vio, junto a la cruz, a su Madre, que estaba en pie, y a Juan el evangelista, al que amaba con un afecto especial y más que a los otros apóstoles, porque, el único entre ellos, había permanecido virgen de cuerpo. A él le encargó cuidar de la santa Virgen María, diciéndole: «He ahí a tu madre; y a ella: he ahí a tu hijo». Y, desde aquella hora, la santa Madre de Dios quedó especialmente confiada al cuidado de Juan durante todo el tiempo que vivió. Y habiendo echado a suertes los apóstoles qué regiones debían ir a instruir, ella permaneció en la casa de sus padres, cerca del monte de los Olivos.