Explore "El Evangelio de Nicodemo" by Pierre Crépon on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entonces, un judío, de nombre Nicodemo, se acercó al gobernador y le dijo: «Te ruego que me permitas, en tu misericordia, decir algunas palabras». Y Pilato le dijo: «Habla». Y Nicodemo dijo: «Yo he preguntado a los ancianos, a los sacerdotes, a los levitas, a los escribas, a toda la multitud de los judíos en la sinagoga: "¿Qué queja tenéis contra este hombre? ". Él hace numerosos milagros, tan grandes como nadie los ha hecho ni los hará jamás. Dejadle ir, y no le causéis ningún mal, porque si esos milagros vienen de Dios, serán permanentes, y si vienen de los hombres, perecerán. Moisés, a quien Dios envió a Egipto, realizó los milagros que el Señor le había ordenado realizar en presencia del faraón. Y allí había magos, Jamnés y Mambrés, a quienes los egipcios miraban como si fueran dioses, y que quisieron hacer los mismos milagros que Moisés y no pudieron imitarlos todos.
Y como los milagros que obraron no venían de Dios, perecieron, como perecieron también los que en ellos habían creído. Y ahora, dejad a este hombre, porque no merece la muerte». Los judíos dijeron a Nicodemo: «Te has hecho discípulo suyo y por eso levantas la voz a su favor». Nicodemo replicó: «¿Es que el gobernador, que también habla a su favor, es discípulo suyo? ¿Es que el César no le ha otorgado la misión de hacer justicia? ». Los judíos, temblando de cólera, rechinaron los dientes contra Nicodemo, y le dijeron: «Crees en él y compartirás la misma suerte que él». Nicodemo dijo: «Amén. Comparta yo la misma suerte que él, como vosotros decís».