Sobre el fascismo by Antonio Gramsci — Read

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El conflicto en que se encuentra actualmente empeñado el proletariado metalúrgico alcanza, por su dureza y su extensión, el nivel de las grandes luchas del pasado. El proletariado metalúrgico fue el primero, después del armisticio, en conquistar las ocho horas. El proletariado metalúrgico fue también el primero en conquistar para el obrero mejores condiciones de existencia en la fábrica y también el primero en sufrir el ataque inicial de la ofensiva industrial. Después de las jornadas de septiembre, arriadas las banderas rojas de las chimeneas de las fábricas, regresaron a éstas los patrones y ciertamente no con propósitos de conciliación con la clase obrera, que había intentado expropiarlos. Sería estúpido pretender que los capitalistas creen fáciles condiciones para la lucha de los obreros y que no piensen sobre todo en restaurar su propio poder, cuando éste se halla amenazado en sus bases. ¿Que podía suceder en las fábricas después de septiembre? Debía preverse: septiembre no fue para los obreros una victoria, sino una derrota. Como en todos los ejércitos que se repliegan, era misión de los dirigentes obreros preparar la retirada de forma que ésta no se realizase en desorden, que no provocase pánico en las filas de los combatientes. Llevada a cabo con habilidad, la retirada debía detenerse en una línea de defensa, a cuya fortificación debían consagrarse todos los esfuerzos en la retaguardia. Por el contrario, después de septiembre la clase obrera ha sido abandonada a sí misma; se ha encontrado frente a las más difíciles situaciones sin una consigna precisa que le indicase la vía a seguir. La retirada de los obreros, producida inicialmente en el mayor desorden, no podía dejar de tener consecuencias funestas para la vida de las organizaciones, En efecto, surgieron las primeras luchas contra los despidos. Los metalúrgicos comprendieron que desde ese momento era preciso frenar la retirada y resistir a la presión del enemigo. Soportar los despidos, como querían los industriales, significaba prepararse en breve plazo a una disminución de salarios. La lucha aparecía como una necesidad urgente de defensa para todo el proletariado. Sin querer todavía indagar aquí lo que mil veces hemos expuesto, nos contentaremos con señalar que los obreros metalúrgicos fueron dejados solos ante el combate y también esta vez tuvieron que replegarse. Los despidos se produjeron, pero los patrones no estaban satisfechos aún con la fuerza reconquistada en las fábricas. Querían afirmar su poder de manera aún más brutal, y pensaban en nuevas humillaciones que infligir a la clase obrera. Y así les llegó el turno a los salarios. Los metalúrgicos resisten: en muchas partes se cruzan de brazos, firmes y decididos a combatir.

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