Sobre el fascismo by Antonio Gramsci — Read

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En un reciente artículo editorial de Avanti! [1] fue publicada esta declaración hecha por Mussolini a un organizador socialista: "Para arrancarme el poder será necesario atravesar lagos de sangre". Esta declaración y el discurso hecho por el señor Mussolini a la asamblea plenaria de los innumerables mandarines fascistas[2] han acabado por convencer al Avanti! (o al menos por hacerle publicar) que en Italia no es posible esperar un cambio legal del gobierno. Naturalmente, sin embargo, Avanti! no saca de esta constatación todas las consecuencias que, por el contrario, un revolucionario debe sacar: y no hay que asombrarse de ello. Todavía en 1920, después de las primeras empresas terroristas del fascismo, después que las primeras sentencias de los tribunales mostraron la obvia connivencia de la magistratura con el fascismo, después que fue evidente que al menos una parte de los funcionarios estatales adscritos a la seguridad pública se había vuelto fascista, tenía su credencial del fascio, participaba en las expediciones fascistas, juraba en falso ante los jueces para proteger al fascismo, en el mismo Avanti! (pero en su edición turinesa) nosotros sacamos la conclusión de que el fascismo habría tratado de conquistar el poder gubernamental a cualquier costo, para legalizar su pasado criminal, para asegurar la impunidad a sus afiliados y especialmente a sus cómplices que ocupaban elevadas posiciones en la jerarquía estatal. Un gobierno de izquierda se había hecho imposible en Italia desde aquel tiempo. Cualquier estrategia reformista que hubiese tenido la finalidad de organizar un gobierno de izquierda sin que se realizase simultáneamente una potencialidad organizativa, militar y política de la clase obrera, habría acelerado el golpe de Estado fascista, o a falta de un acuerdo entre el fascismo, los industriales y la Corona, habría determinado un golpe de Estado militarista, con un Cadorna, un Caviglia, un Giardino a su cabeza. Un gobierno de izquierda habría debido, para conquistarse el favor popular, liquidar el fascismo mediante tribunales de derecho común: todo el mundo sabía, por otra parte, que las comisarías, las prefecturas, las procuradurías recogían y archivaban todo el material necesario para esta futura acción penal, apenas el fascismo, según la concepción policíaca de Giolitti, se hubiese agotado en sí mismo como movimiento revolucionario después de la ocupación de las fabricas. Es la cosa más natural del mundo, y la más fácilmente previsible, que un movimiento como el fascista, que no tiene ninguna raíz en la economía, que es el resultado organizado de una descomposición social, se afirma sólo con la violencia individual y con el terrorismo sistemático: que, por esto mismo, debía tomar el poder a toda costa y que una vez a caballo, debe tratar de mantenerse en la silla hasta que la sangre le llegue al cuello y lo sofoque. En 1920 era preciso liberarse de los reformistas y dejarlos maniobrar por cuenta propia, hubiera sido preciso que la mayoría del partido socialista permaneciese unida en torno a la bandera de la Internacional Comunista, que organizase al proletariado y a la clase campesina, que incluso después de la fracasada ocupación de las fábricas y de las tierras eran aún muy fuertes objetivamente, que luchase contra el fascismo, que pasase a la contraofensiva y que tomase el poder.

En 1924 la situación no es ya tan simple y fácil como entonces. Las masas están dispersas, gran parte de ellas es prisionera del fascismo en las corporaciones nacionales; la milicia nacional, centralizada, con los cuadros seleccionados, con un armamento más abundante y "más pesado", es mucho más fuerte que los grupos de choque. Nuestras tareas y nuestros deberes se han vuelto cien veces más difíciles y más cargados de responsabilidad. El Avanti! y el partido socialista han dado un paso atrás incluso respecto a las posiciones que ocupaban en 1921. En 1921 el Avanti! y el partido socialista eran contrarios a la acción general propuesta por los comunistas y la sabotearon en todas las formas hasta la catástrofe de la huelga "legal" de agosto de 1922,[3] que tuvo como único resultado empujar a los industriales y a la Corona hacia el fascismo y hacer que Mussolini se decidiese a dar el golpe de Estado; pero al menos el Avanti! y el partido socialista aceptaban la acción caso por caso, admitían que al menos cuando el fascismo la tenía directamente agarrada del cuello, la clase obrera debía hacer algo. Hoy, por el contrario, piensan en el abstencionismo de las elecciones, se alinean con reformistas en contra de los comunistas, porque los comunistas quieren en todo caso participar en la lucha electoral junto a los obreros y los campesinos que, en Lodo caso, los fascistas obligarán a votar.

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