Explore "Sobre el fascismo" by Antonio Gramsci on Textopian. Read with annotations and highlights.
Giolitti en el poder representará esencialmente el estrecho espíritu de terror y venganza que caracteriza a la pequeña burguesía en el momento actual. Giolitti sucederá a Nitti, pero ¿existe o puede existir una diferencia sustancial entre estos dos hombres? Ninguno de ellos representa a un partido, ninguno de ellos representa intereses existentes en estratos considerables de la población, organizados políticamente para los fines de un gobierno parlamentario; tanto Nitti como Giolitti deben su éxito político a haberse hecho promotores, con los medios del poder del Estado, de los intereses de la plutocracia. El grado de desarrollo alcanzado por esta forma de organización del aparato nacional de producción y de distribución ha proletarizado en gran parte y tiende a proletarizar cada vez más a las clases medias; la democracia parlamentaría pierde sus bases de apoyo, el país no puede seguir siendo gobernado constitucionalmente, no existe y ya no podrá existir una mayoría parlamentaria capaz de dar vida a un ministerio fuerte y vital, que tenga el consenso de la "opinión pública", que tenga el consenso del "país", esto es, de las clases medias. En tres ocasiones el diputado Nitti ha tratado de organizar una base parlamentaria cualquiera para sus gobiernos policíacos que debían garantizar las ganancias de la alta banca, que debían poner un freno a la oposición económica del proletariado al capitalismo, que debían armar fuerzas suficientes para controlar y sofocar la insurrección popular que fermenta amenazadoramente y podría explotar de un momento a otro; por tres veces el diputado Nitti ha fracasado en sus tentativas, porque han demostrado la imposibilidad de gobernar políticamente la sociedad italiana, han contribuido a acelerar la disgregación del Estado, a exasperar sus contrastes internos, a aumentar el envilecimiento moral y la disolución civil.
El regreso de Giolitti al poder, de este viejo que durante la guerra tuvo miedo, de este hombre sin futuro, sin previsiones de futuro a largo plazo, de este viejo que no puede tener otra ambición mas que la de sujetar fuertemente en su mano el arma del poder del Estado para blandiría sobre las cabezas de sus enemigos, para hacerlos temblar a su vez como él ha temblado, para aterrorizarlos como él ha estado aterrorizado -el regreso de Giolitti al poder es el advenimiento al poder del espíritu de terror y de venganza que caracteriza a la pequeña burguesía en el momento actual. Esta clase que es la que más esperaba de la guerra y de la victoria, es la que más ha perdido a causa de la guerra y de la victoria; creyó verdaderamente que la guerra significaba prosperidad, libertad, seguridad en la vida material, satisfacción de sus vanidades nacionalistas; creyó que la guerra significaría todos estos bienes para el "país", esto es, para su propia clase. Por el contrario, lo ha perdido todo, ha visto derrumbarse sus castillos en el aire, ya no tiene libertad de opción, está reducida a la más espantosa miseria por el continuo aumento de los precios, y está exasperada, furiosa, embrutecida: quiere vengarse, genéricamente, incapaz como es de identificar las causas reales del marasmo en que ha caído la nación. Los responsables del regreso de Giolitti al poder, los escritores de la Stampa, por cuanto participan de esta difusa psicología de las clases medías, han dado de ella una muy eficaz expresión literaria y han tratado de presentarla como un programa de gobierno. Los giolittianos son gente que recuerda, son gente que quiere recordar, que no aspira a otra cosa más que a escarbar afanosamente en el pasado; esta manía de viejos sin futuro, los giolittianos la llaman arte de gobernar, el único arte de gobernar que restaurará el prestigio del Estado, que restablecerá el poder de las instituciones. Incluso desde este punto de vista el retorno de Giolitti es una clara señal de la decadencia de las clases dirigentes italianas, es un documento de la disminuida capacidad política de la casta gobernante italiana. Era un axioma político que a los gobiernos burgueses les conviene más olvidar que recordar: el principio de prescripción se convirtió en razón de Estado; la manía moralizante era ridiculizada y presentada como propia de las épocas de decadencia, de los países en disolución. En Italia quizá más que en cualquier otro país el principio de prescripción se convirtió en método de administración ordinaria: Italia era el país clásico de las amnistías, de los indultos, de las gracias soberanas. Giolitti quiere vengarse; la pequeña burguesía quiere vengarse, los escritores de la Stampa excitan y azuzan este espíritu de venganza, que es expresión de temor pánico, no de fuerza, que es creador de marasmo, no principio de orden. Así la llegada de Giolitti al poder, de este vejete sin futuro, de este vejete que sólo ve el pasado y no puede hacer previsiones a largo plazo para el futuro, de este vejete que ha tenido miedo y ahora quiere dar miedo, así la llegada de Giolitti al poder puede ser verdaderamente interpretada como símbolo de la descomposición de la sociedad italiana, de la disolución de las clases dirigentes, de la decadencia de la cultura y de la inteligencia de la casta gobernante italiana.