Explore "Realismo capitalista: ¿No hay alternativa?" by Mark Fisher on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aunque ya fue ampliamente diezmado por el tándem neoliberalismo y neoconservadurismo, el «Nanny State» sigue siendo el concepto capaz de asustar al realismo capitalista: el fantasma del Estado grande sigue desempeñando un rol libidinal esencial. Allí está para que se lo culpe de su fracaso para actuar como un poder centralizado, de la misma manera en que Thomas Hardy se enfurecía contra Dios por no existir. «Repetidamente», dice James Meek en un artículo para la London Review of Books sobre la privatización del agua en el Reino Unido, «tanto los gobiernos conservadores como los laboristas han comprobado que, cuando delegan servicios públicos en empresas privadas y dichas compañías fracasan, los votantes tienden a culpar al gobierno por haber delegado los servicios y no a las empresas mismas». Meek visitó Tewkesbury en 2007, un año después de que la ciudad sufriera una grave inundación. Era evidente que las causas de la inundación debían hallarse en los errores de las empresas de agua y de las constructoras, pero lo que encontró Meek fue que esa no era la percepción común de los habitantes. «En Tewkesbury», escribió:
hay más hostilidad hacia el gobierno, el concejo y la agencia de medio ambiente por no haber parado a las constructoras que hacia las constructoras mismas y sus clientes. Si las compañías de seguros suben las pólizas por el riesgo de inundación, se culpa al gobierno por no hacer las inversiones y no a las compañías por subir las pólizas, ni a quienes quieren vivir en un valle inundable, pero no quieren pagar más de póliza.