Explore "Los nombres del chamán" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al comienzo de su autobiografía -que en la cubierta del libro señala como autor a George Quppersimaan- el narrador y protagonista, un esquimal de Groenlandia, dice llamarse Qaarsivaq, pero que su madre, en las canciones de cuna que le cantaba para que se durmiera, le llamaba Naanngaannaaq, mientras que para su tía materna él era Piitsinngiigajik y, para su tío en cambio, Iijarsilarteq. Pero añade también que, más tarde, durante su aprendizaje para convertirse en chamán, recibió el nombre de Qipinngi y por fin, en el bautismo, el de George. También los comunes mortales nacidos y crecidos en tierras menos lejanas y brumosas pueden alardear de diversos apodos y apelativos cariñosos, en especial si uno se remonta a los recuerdos infantiles o rebusca en el patrimonio de los juegos eróticos, pero en el caso de Qipinngi -por optar por esta denominación como homenaje a la autoridad chamánica vinculada a ese apelativo- la pluralidad dispersiva de los nombres refleja la incertidumbre del yo que relata y que parece emerger a duras penas de la oscuridad de la noche ártica en la que vive. En aquellas oscuridades un nombre, lo mismo que un rostro, se confunde fácilmente con el de otro, hombre o también animal, igual que el alma de una persona puede asumir,como en el relato de Qipinngi, la figura de un oso o de un narval.
En aquel universo cualquier cosa, a veces incluso una aparición instantánea y fugaz, tiene un nombre; cuando se oye una voz, como la de Qipinngi al contar su vida, no siempre se sabe con certeza a quién pertenece. Todo esto está acentuado por el hecho de que quien registra y hace resonar la voz de Qipinngi es el danés Otto Sandgreen, pastor protestante durante décadas de los esquimales -o Inuit, como ellos prefieren llamarse- de Groenlandia, que en los años sesenta escuchó de boca del protagonista la historia de su vida y la transcribió.