Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la sala del Ayuntamiento una colosal pintura de Ferdinand Wagner, pintor historizante de la escuela muniquesa de finales de siglo, muestra a Kriemhild entrando en Passau por el Paulustor, acompañada por su tío, el obispo Pilgrim, y acogida por los ciudadanos que le ofrecen dones y homenajes. El cuadro no sugiere la sombría esencialidad de la Canción de los nibelungos, sino las grandiosas escenografías con que los últimos años del siglo XIX acompañaron al renacimiento del mito, o la espectacularidad de los Nibelungos, la película de Fritz Lang. En la escena plasmada por Ferdinand Wagner, Kriemhild se dirige hacia Panonia, va al encuentro de su matrimonio con Atila, su primer paso en el proyecto de su venganza.
Esta venganza, que con tanta grandeza nos narra el poema, testimonia un ethos de la familia, a la que la tradición nórdica del mito contrapone, a su vez, otro. En la Canción de los nibelungos, Siegfried, el héroe solar muerto a traición en el bosque, es, en realidad, vengado por su esposa, Kriemhild, que se une en segundas nupcias con Atila, el poderoso rey de los hunos, para poder destruir, con su gran ejército, a sus propios hermanos, príncipes de los burgundios y asesinos de Siegfried. También en las versiones nórdicas del mito, recogidas en la Edda -el cancionero de carmenes noruegos, o sea islandeses, compuestos probablemente entre los siglos IX y XII-, son las hordas de Atila las que aniquilan a los asesinos del héroe, que lleva el nombre de Sigurdhr, y también en la Edda Atila está casado con su viuda, que se llama Gudhrun y es hermana de los príncipes que le han dado muerte. En ambos casos, a la exaltación del mítico héroe, que ha vencido al dragón y encarna la fuerza de la luz y de la primavera, le sucede la glorificación de sus asesinos y del valor con que afrontan la marea de los hunos y su final ineluctable. El autor o los autores cantan las virtudes guerreras de los germanos, que desafían el destino aun sabiendo que deben sucumbir; los poemas transfiguran de ese modo la caída del reino burgundio, derribado por los hunos en la época de las migraciones bárbaras.