Explore "Las maniobras del Vaticano" by Antonio Gramsci on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es la tendencia que más asombra al leer, por ejemplo, la Civilità cattolica, pues si ella se convirtiera en una regla de conducta, el propio catolicismo se volvería imposible. La incitación a los filósofos italianos a abrazar el tomismo porque Santo Tomás ha nacido en Italia y no porque en su filosofía puede hallarse el mejor camino para encontrar la verdad, ¿cómo podría servir a los franceses o a los alemanes? ¿Y no puede convertirse, en cambio, por lógica consecuencia, en una incitación a que cada nación busque en sus propias tradiciones un arquetipo intelectual, un «maestro» de filosofía religiosa nacional, es decir, una incitación a disgregar el catolicismo en tantas iglesias nacionales? Aceptada la propuesta, ¿por qué entonces fijar a Santo Tomás como expresión nacional y no a Gioberti[78] o a Socini[79], etc.?
Que los católicos y sobre todo los jesuitas de la Civilità cattolica hayan debido, y deban, recurrir a semejante propaganda es un signo de los tiempos. En un tiempo se proclamó a Carlo Pisacane[80] como el elemento nacional para contraponer sobre los altares a los brumosos filósofos alemanes; todavía más a Giuseppe Mazzini. En la filosofía actualística se reivindica a Gioberti[81] como al Hegel italiano, o casi.