Las maniobras del Vaticano by Antonio Gramsci

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[9] ¿Puede hacerse alguna comparación entre la Acción Católica e instituciones como los terciarios franciscanos? Creo que no, aun cuando esté bien señalar primero no sólo a los terciarios, sino también al fenómeno más general de la aparición en el desarrollo histórico de la Iglesia de las órdenes religiosas, para definir mejor los caracteres y los límites de la propia Acción Católica. La creación de los terciarios es un hecho muy interesante de origen y tendencia democrático-popular, que ilumina mejor el carácter del franciscanismo como retorno tendiente a los modos de vida y de creencia del cristianismo primitivo: comunidad de fieles, no sólo de clero como poco a poco llegó a transformarse. Por lo tanto, sería útil estudiar bien la suerte de esa iniciativa, que no fue muy grande, porque el franciscanismo no derivó a toda la religión, como era el deseo de Francisco, sino que se redujo a una de las tantas órdenes religiosas existentes[10].

La Acción Católica señala el principio de una nueva época en la historia de la religión católica: cuando su concepción totalitaria (en doble sentido: que era la total concepción del mundo de una sociedad en su totalidad) se hace parcial (también en doble sentido) y necesita un partido propio. Las diversas órdenes religiosas representan la reacción de la Iglesia (comunidad de fieles y comunidad del clero), desde arriba y desde abajo, contra las parciales disgregaciones de la concepción del mundo (herejías, cismas, etc., y también degeneración de las jerarquías); la Acción Católica representa la reacción contra la apostasía imponente de masas enteras, es decir, contra la superación masiva de la concepción religiosa del mundo. No es ya la Iglesia la que fija el campo y los medios de la lucha; debe aceptar, en cambio, el terreno impuesto por los adversarios o por la indiferencia y servirse de armas tomadas en préstamo del arsenal de sus adversarios (la organización política de masa). La Iglesia, por lo tanto, está a la defensiva, ha perdido la autonomía de los movimientos y de las iniciativas, no es ya una fuerza ideológica mundial, sino sólo una fuerza subalterna.

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