Explore "Dános una señal" by Jorge Mario Bergoglio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando vemos a Jesús en medio de las fatigas y trabajos, en medio de los conflictos con las elites ilustradas de esa época (los fariseos, los saduceos), vemos cómo muchas veces ellos le pedían una señal: "Dános una señal" (Mt 12, 38). Jesús predicaba y la gente lo seguía como a ninguno, curaba, resucitaba. pero ellos pedían una señal. Ésta que veían no les bastaba. Se puede pensar que no les bastaba porque ese elitismo ilustrado clausuraba sus conciencias; ésa es una explicación válida. Pero también había algo más: ni aun al hombre más cerrado a la voz de Dios se le priva del instinto de saber donde está Él y hacia dónde debe buscar. Ellos intuían que resucitar muertos, curar enfermos no era "la señal", por ello una vez Jesús les dijo que se les iba a dar la señal de Jonás (o sea la resurrección). Pedían la señal trascendente e inconfundible en la que Dios se manifiesta en su plenitud; y en eso no se equivocaban incluso los que estaban más lejos, ni aun Herodes. Los asustaba y acuciaba ese instinto religioso del corazón que empuja a buscar y distinguir dónde está Dios.
Pedían la señal. por otro lado, eso también le pasaba a los Santos. San Juan Bautista, en la cárcel, sufría mucho, veía que Jesús predicaba, pero se sintió confuso; en la soledad de su calabozo empezó a dudar y mandó a preguntar a Jesús: "¿eres tú el que tiene que venir o tenemos que esperar a otro? " Pedía la señal, buscaba la señal de manifestación de Dios, aquélla que habían proclamado los Profetas y que el pueblo de Israel venía esperando desde hacía cientos de años. Pedían la "gran señal".