Explore "Colores primarios" by John Klein on Textopian. Read with annotations and highlights.
No demasiada, al parecer. En Nueva York nos machacaron dos a uno. Fue un descalabro demoledor, paralizante, definitivo. Picker dio las gracias a Nueva York en nombre de Martha Harris y anunció que volvía a su hogar durante unos días para descansar y «pensar en qué es lo importante, en qué es lo mejor para nuestro país». Nosotros también volvimos a casa. La campaña parecía haber finalizado. Stanton no se retiró de la carrera inmediatamente, pero regresó a Mammoth Falls y a los prosaicos rituales del gobierno del Estado. No había programado ningún viaje ni hubo ninguna reunión de personal. La gente empezó a marcharse.
Yo me quedé. Llamé a Daisy varias veces y le dejé mensajes, pero no recibí respuesta alguna. Recorría corriendo mi ruta habitual de cuatro kilómetros y medio, río abajo y de vuelta. Leí *Middlemarch*. Todas las mañanas me acercaba al cuartel general y organizaba ficheros. Aún quedaban algunos voluntarios rezagados y unas cuantas mujeres de mediana edad se encargaban de contestar a los teléfonos cuando sonaban, lo que no ocurría con frecuencia. No me atrevía a preguntarles al gobernador ni a Susan qué pensaban hacer. Después de la debacle de Nueva York no hablé con ellos en absoluto durante dos días. Supongo que necesitábamos descansar los unos de los otros. En realidad no había ninguna prisa. El programa básico se hacía menos agobiante a partir de ese punto; pasarían tres semanas antes de que llegaran las próximas elecciones de importancia, las de Pennsylvania, en el supuesto de que siguiéramos vivos y coleando de aquí a entonces. Intenté pensar en lo que iba a hacer con mi vida, pero me resultó imposible.