Explore "El panorama de la Princesa" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
El palacio del Rey de Magna estaba triste, muy triste, desde que un padecimiento extraño, incomprensible para los médicos, obligaba á la Princesa Rosamor á no salir de sus habitaciones. Silencio glacial se extendía, como neblina gris, por las vastas galerías de arrogantes arcadas y los salones revestidos de tapices, con altos techos de grandiosas pinturas; y el paso apresurado y solícito de los servidores, el andar respetuoso y contenido de los cortesanos, el golpe mate del cuento de las alabardas sobre las alfombras, las conversaciones en voz baja, susurrantes apenas, producían impresión peculiar de antecámara de enfermo grave. ¡Tenía el Rey una cara tan severa, un gesto tan desalentado é indiferente para los áulicos, hasta para los que antaño eran sus amigos y favoritos! ¿A qué luchar? ¡La Princesa se moría de languidez. Nadie acertaba á salvarla, y la ciencia declaraba agotados sus recursos!
Una mañana llegó á la puerta del palacio cierto viejo de luenga barba y raida hopalanda color avellana seca, precedido de un borriquillo cuyos lomos agobiaba enorme caja de madera ennegrecida. Intentaron los guardias desviar con aspereza al viejo y á su borriquillo, pero titubearon al oir decir que en aquella caja tosca venían la salud y la vida de la Princesa Rosamor. Y mientras se consultaban, irresolutos, dominados á pesar suyo por el aplomo y seguridad con que hablaba el viejo, un gallardo caballero desconocido, mozo y de buen talante, cuya toca de plumas rizaba el viento, cuya melena obscura caía densa y sedosa sobre un cuello moreno y erguido, se acercó á los guardias, y, con la superioridad que prestan el rico traje y la bizarra apostura, les ordenó que dejasen pasar al anciano, si no querían ser responsables ante el Rey de la muerte de su hija; y los guardias, aterrados, se hicieron atrás, el anciano pasó, y el jumentillo hirió con sus cascos las sonoras losas de mármol del gran patio donde esperaban en fila las carrozas de los poderosos. En pos del viejo y el borriquillo, entró el mozo también.