El señor by Leopoldo Alas — Read

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Así vivía, cuando una tarde, paseando, ya cerca del obscurecer, por la plaza, muy concurrida de San Pedro, sintió el choque de una mirada que parecía ocupar todo el espacio con una infinita dulzura. Por sitios de las entrañas que él jamás había sentido, se le paseó un escalofrío sublime, como si fuera precursor de una muerte de delicias: o todo iba a desvanecerse en un suspiro de placer universal, o el mundo iba a transformarse en un paraíso de ternuras inefables. Se detuvo; se llevó las manos a la garganta y al pecho. La misma conciencia, una muy honda, que le había dicho que _allá lejos_ se habría satisfecho brindando con la propia sangre al amor divino, ahora le decía, no más clara: "O aquello o esto. " Otra voz, más profunda, menos clara, añadió: "Todo es uno. " Pero "no" -- gritó el alma del buen sacerdote -- : "Son dos cosas; ésta más fuerte, aquélla más santa. Aquélla para mí, ésta para otros. " Y la voz de antes, la más honda, replicó: "No se sabe."

La mirada había desaparecido. Juan de Dios se repuso un tanto y siguió conversando con sus amigos, mientras de repente le asaltaba un recuerdo mezclado con la reminiscencia de una sensación lejana. Olió, _con la imaginación_, a agua de colonia, y vió sus manos blancas y pulidas extendiéndose sobre un grupo de fieles para que se las besaran. Él era un misacantano, y entre los que le besaban las manos perfumadas, las puntas de los dedos, estaba un niña rubia, de abundante cabellera de seda rizada en ondas, de ojos negros, pálida, de expresión de inocente picardía mezclada con gesto de melancólico y como vergonzante pudor. Aquéllos eran los que acababan de mirarle. La niña era ya una joven esbelta, no muy alta, delgada, de una elegancia como enfermiza, como una diosa de la fiebre. El amor por aquella mujer tenía que ir mezclado con dulcísima caridad. Se la debía querer también para cuidarla. Tenía un novio que no sabía de estas cosas. Era un joven muy rico, muy fatuo, mimado por la fortuna y por sus padres. Tenía la mejor jaca de la ciudad, el mejor tílburi, la mejor ropa; quería tener la novia más bonita.

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