Explore "Protesto" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Este D. Fermín Zaldúa, en cuanto tuvo uso de razón, y fué muy pronto, por no perder el tiempo, no pensó en otra cosa más que en hacer dinero. Como para los negocios no sirven los muchachos, porque la ley no lo consiente, D. Fermín sobornó al tiempo y se las compuso de modo que pasó atropelladamente por la infancia, por la adolescencia y por la primera juventud, para ser cuanto antes un hombre en el pleno uso de sus derechos civiles; y en cuanto se vió mayor de edad, se puso a pensar si tendría él algo que reclamar por el beneficio de la restitución _in integrum_. Pero ¡ca! Ni un ochavo tenía que restituirle alma nacida, porque, menor y todo, nadie le ponía el pie delante en lo de negociar con astucia, en la estrecha esfera en que la ley hasta entonces se lo permitía. Tan poca importancia daba él a todos los años de su vida en que no había podido contratar, ni hacer grandes negocios, por consiguiente, que había olvidado casi por completo la inocente edad infantil y la que sigue con sus dulces ilusiones, que él no había tenido, para evitarse el disgusto de perderlas. Nunca perdió nada don Fermín, y así, aunque devoto y aun supersticioso, como luego veremos, siempre se opuso terminantemente a aprender de memoria la oración de San Antonio. ¿Para qué? -- decía él. ¡Si yo estoy seguro de que no he de perder nunca nada!
-- Sí tal -- le dijo en una ocasión el cura de su parroquia, cuando Fermín ya era muy hombre -- , sí tal; puede usted perder una cosa.: el alma.