Explore "La Negra Angustias" by Francisco Rojas González on Textopian. Read with annotations and highlights.
LAS semanas rodaron cuesta abajo al par que la columna de hombres entusiasmados por una marcha sin estricto itinerario y casi sin obstáculos. El día en que entraron en Tepaltzingo, todos se sintieron guerrilleros fogueados y maduros.
Cuando el pueblo estaba «a tiro de pistola», los hombres de la negra Angustias tuvieron que pelear. Más de tres horas duró el cambio de tiros entre los rebeldes y un puñado de campesinos parapetados en las zanjas de riego o entre el lodo de los arrozales. La estrategia cimarrona del capitán Güitlacoche puso fin al zafarrancho; a la cabeza de diez jinetes dio una carga de caballería que trajo como frutos la dispersión de los defensores y la captura de su jefe. Era éste un joven agrónomo capitalino y buen mozo. Tenía una profunda herida en la cabeza; la sangre le empapaba los rizos de su pelo castaño y le escurría por el cuello hasta mancharle la camisa de tela blanca. Llevaba pantalones breech y botas fuertes. En su cintura, la canana casi vacía, y colgando de ella, la funda galoneada que sirvió de estuche al magnífico revólver automático ahora en manos del Güitlacoche como un legítimo trofeo.