Explore "La Negra Angustias" by Francisco Rojas González on Textopian. Read with annotations and highlights.
CUERNAVACA hervía; miles de campesinos transitaban en grupos alucinados. Marchaban por media calle silenciosos y llenos de aturdimiento. El campo se había volteado sobre la ciudad pequeña e inadaptada para recibir aquella afluencia. Los primeros en llegar se posesionaron de los cuarteles, del Palacio de Cortés, de los edificios públicos y hasta de algunos caserones particulares. Allí, en las alcobas, en las salas, en los pasillos y en los corredores, tendíanse durante la noche, y en el día formaban tertulias tristes y nostálgicas, donde la conversación palpitaba apenas en labios de los jóvenes mestizos, ante un auditorio de hombres taciturnos y herméticos como ídolos de pórfido. Eran estos últimos los campesinos que habían dejado fecundadas la tierra ajena y a la mujer propia, los ganados sueltos y el colmenar escurriendo miel, en busca de la libertad que ahora empezaban a disfrutar y que quizá por eso les dolía en la misma forma en que les molestaban los zapatos nuevos y rechinadores con que muchos atormentaban, por primera vez en la vida, sus desfigurados pies.
Si alguno de los que hablaban llegaba a mencionar el nombre del pueblo nativo o de la campiña familiar, había en los rostros de los indígenas un soplo de vida y en sus pechos movimientos que desbordaban toda la melancolía.