La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Bazaine lidia con la incómoda presencia de Dubois de Saligny. Desde el 27 de septiembre de 1863 le escribe al ministro de Guerra francés: "Dudo de que el señor De Saligny parta con él [Forey], a pesar de la orden formal del Emperador; y yo estoy enteramente decidido a quitarle toda injerencia en la dirección política de los negocios. Él es, por decirlo así, el principal obstáculo para la combinación de la fusión de los partidos; y el gobierno mexicano, si es que existe gobierno serio al presente, opone resistencia de medios para no hacer lo que prescriben las instrucciones de SM, porque se siente apoyado por el señor De Saligny, quien declara constantemente que en París no son conocidos ni los hombres ni la situación de este país, que se acabará por hacer lo que él quiera".

Por más que desde París las presiones siguen para que Saligny abandone la embajada ("el ministro de Francia no podía, como tampoco el mariscal Forey, conservar duda alguna sobre el deseo del Emperador de ver al uno y al otro regresar inmediatamente a Francia"), el embajador se resiste. El comandante Loizillon explica los motivos de su reticencia: "Desde nuestra vuelta a México, parece que Saligny trabajaba en una escala más grande que nunca. Prometía hacer pagar tal crédito por tal suma, exigiendo se le adelantase parte de esa suma [. ]. Así es que desde hace 20 días, cuando se supo su destitución, los individuos que le han dado anticipos se los reclaman [. ]. Él no quiere devolver nada y repite [. ] que son sus enemigos los que han propalado ese rumor, pero que está mejor que nunca en el concepto del emperador Napoleón III. A pesar de estas seguridades, los demandantes no se muestran convencidos, puesto que entre canallas, la regla es desconfiar los unos de los otros. Es cierto que es necesario perdonar a los mexicanos la mala opinión que tienen de nosotros, pues sólo han conocido hasta ahora peluqueros y ministros plenipotenciarios casi todos más ladrones que los ministros mexicanos".

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