Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 2" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
Uno de los delegados conservadores, Ignacio Aguilar y Marocho, que viajó a Europa para convencer a Napoleón III y a la pareja de los beneficios de instalarse en un trono en México, la retrata en un texto bastante servil: "La archiduquesa es una de esas personas que no pueden describirse, cuya gracia y simpatía, es decir, cuya parte moral, no es dable al pintor trasladar al lienzo, ni al fotógrafo al papel. Figúrate una joven alta, esbelta, llena de salud y de vida y que respira contento y bienestar, elegantísima, pero muy sencillamente vestida: frente pura y despejada; ojos alegres, rasgados y vivos, como los de las mexicanas; boca pequeña y graciosa, labios frescos y encarnados, dentadura blanca y menuda, pecho levantado, cuerpo airoso y en que compiten la soltura y majestad de los movimientos; fisonomía inteligente y espiritual, semblante apacible, bondadoso y risueño, y en que sin embargo hay algo de grave, decoroso y que infunde respeto: figúrate esto y mucho más que esto, y se tendrá una idea de la princesa Carlota".
Emmanuel Doménech, cura misionero, director de prensa del gabinete de Max, ex limosnero del cuerpo expedicionario francés, también la describe: "La emperatriz Carlota ha debido nacer con la corona imperial sobre la frente. Su aspecto noble y majestuoso indica a primera vista la soberanía: sus ojos expresivos e inteligentes, revelan los grandes pensamientos. Algunas veces sus labios y sus ojos se contraen o se animan con una expresión de desdén que le inspiran los hombres y las cosas, pero su voluntad amortigua con presteza el brillo de los ojos y da a los labios una sonrisa apacible que tranquiliza a los más suspicaces". El autor de este libro, que se confiesa suspicaz, no se siente tranquilo, hay en Carlota una inocencia aparente que para los mexicanos resulta trágica. Más bien se quedaría con la explicación de Franz Werfel: "Su encanto ha aumentado con el fingimiento que el trato diario con políticos le presta a una cara de mujer", o la descripción de Paoli: Carlota, "la maniaco depresiva más famosa del continente".