Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 2" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al iniciarse marzo, el presidente Juárez y La Fuente, su ministro de Relaciones, visitaron Puebla para pulsar el estado de ánimo del Ejército de Oriente y el avance de las defensas. Según las crónicas de la época, la recepción fue muy variada: mientras que las tropas mostraban júbilo, la población permaneció indiferente. El 2 de marzo, después de un desfile, Juárez les habló a los defensores: "Soldados: en vuestros denodados pechos más que en los fuertes que circundan esta ciudad, tiene la República cifradas sus más preciosas esperanzas. La patria os ha mandado aquí para combatir los primeros, defendiendo su honor, su independencia y sus hermosos destinos; para mostrar una vez más todavía a sus injustos y pérfidos invasores, que México es grande, libre y digno de serlo, aunque otra cosa pregone un puñado de ilusos, de agiotistas y de traidores". González Ortega reiteró su pedido de víveres y municiones: "Supe que el supremo gobierno había hacinado una gran parte de los elementos que necesitaba la plaza, que unos venían ya en camino y con dirección a ella, y que los otros se remitieron también un poco después". El 5 de marzo el presidente de la República regresó a la Ciudad de México.
Un día después el general en jefe es víctima de "una fiebre biliosa" que le produce vómito y lo arroja en cama, y que él atribuye a "las desveladas". Afortunadamente la fiebre desaparece y dos días después está en pie.