Explore "Cuarta vigilia" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
La niña Nides despertó a medianoche con la camisa de manta empapada en sudor. ¡Dios mío, ahora sí había estado a punto de suceder! Venían los carrancistas, los carranclanes, que son como las arrieras y que no respetan nada; tocaban fuerte -ton-ton- con la aldaba de hierro contra la puerta grande de madera. La niña Nides corría enloquecida por toda la casa, buscando un escondite para el cofre.
Por fortuna, despertó en el momento mismo en que los carrancistas estaban a punto de tumbar la puerta. Con sus dedos nudosos, torcidos, de reumática, la niña Nides tacteó en la oscuridad hasta dar con los cerillos. Prendió la vela de sebo. Un resplandor vacilante y amarillento se difundió por la habitación. El perfil de la vieja se proyectaba, grotesco, sobre las paredes desnudas. En uno de los rincones se advertía aún la mancha descolorida donde estuvo el cofre.