Explore "Oficio de tinieblas" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
LA JUNTA no pudo llevarse a efecto sino hasta el anochecer. Los principales abandonaron de mala gana las ceremonias en que tomaban parte activa o los corrillos familiares en los que se emborrachaban. La falsa seguridad del alcohol, el apoyo del número en que se habían congregado, el tiempo (vacío de los acontecimientos que temían) redujo su inquietud y su alarma a una realidad remota y sin sentido. ¿Qué era Jobel sino algo que estos hombres podían aplastar con el puño? Y lo cerraban con rabia y con obstinación y desenvainaban sin motivo los machetes y su brillo relampagueaba un instante y un instante el aire vibraba de peligro.
Todo el valle de Chamula retumbaba de música. El acordeón, jadeante y desigual, como una respiración de borracho; las arpas, de líneas delicadas, invisibles por la distancia y la oscuridad. El ritmo de los pies, calzados con caites de cuero grueso y mal curtido. Por todas partes al mismo tiempo -iniciándose, continuando, alcanzando su fin- el Bolonchón, la danza del tigre y la culebra, las metamorfosis del dios, de pronto reconocible en un animal al que los ojos están acostumbrados. En ese animal que preside los nacimientos, que acompaña y fortalece la vida, que despoja de su horror a la muerte. El Bolonchón, continuo, igual, inacabable.