Explore "Corín Tellado: un caso típico" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
SEGÚN escribe Virginia Woolf en sus ensayos dedicados al tema feminista y recopilados en los volúmenes que llevan por título Tres guineas y Un cuarto propio, la primera profesión que pertenece al orden de la cultura, es decir, al mundo exclusivamente masculino, y que tuvo la capacidad de ejercer la mujer, fue la literatura. Y esto por razones meramente prácticas.
En primer lugar, el instrumento de expresión de los géneros literarios es el lenguaje. Y desde muy temprana edad las mujeres aprenden, por lo menos, a hablarlo. Claro que del lenguaje oral al escrito hay una enorme diferencia cualitativa. Pero cuando la alfabetización dejó de ser un privilegio de ciertas clases y de ciertos grupos y comenzó a extenderse aun entre las clases populares, las mujeres aprovecharon esta ventaja y, en el caso de los países de religión protestante, otra: la frecuente lectura de la Biblia que les proporcionó una enorme riqueza de vocabulario y de imágenes, una colección de historias y de anécdotas heroicas, tiernas, atrevidas, llenas de vicisitudes y coronadas siempre por el triunfo de la justicia. Ahí estaba el dechado y por la otra parte el deseo incoercible de imitar, de reproducir, instinto femenino si los hay. ¿Qué faltaba? Papel, pluma. Dos artículos que no son difíciles de conseguir en el mercado ni por su precio ni por los requisitos exigidos para su venta. Sobraba el tiempo libre. La vigilancia de los padres y los tutores era fácil de burlar, gracias a los siglos de tradición y de práctica de este deporte. Claro que era indispensable el talento. Pero el talento mimético es quizá el único que ni los zoólogos ni los otros especialistas en el tema han negado que poseen las mujeres.