Explore "De mis días de cachorro" by Ramón López Velarde on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hoy quiero recordar a Elisa Villamil y a Isabel Suárez y quiero también referir cómo, hace unas pocas tardes, pretendí locamente, en presencia de una amiga, resucitar locuras de infancia y recomponer el collar deshecho de las perlas románticas.
Elisa Villamil, hija del enjuto médico de mi pueblo -un anciano que gastaba tacones altos, en un futurismo inconsciente, y que me regañaba cuando me examinaba la garganta-, fue, quizá, mi primera adivinación de la mujer. Elisa, frente a las personas mayores, tomaba un aire desconfiado, y sus anchas pupilas, medrosas, irradiaban en la tez pálida como promesas mal explicadas. No he de olvidar los visos de charol en sus botas de niña principal, ni menos su sombrilla liliputiense, ni menos aún su sombrero de paja, en que competían el rojo de unas cuantas cerezas y el azul de un listón de terciopelo. La llevaban a visita a mi casa, y después con una política lejana de Richelieu conseguíamos permiso de ir a jugar enfrente, a la plaza, y corríamos por sus sonoras banquetas en una expansión que no sospechaba los minutos grises. De pronto, nos deteníamos en nuestra fuga, para embobarnos en el examen de un colega que llegaba en velocípedo, o de una naranja de tres días de edad, o de la esfera roja que remataba el chacó de los soldados de la cárcel. En esta esfera roja presentíamos, con turbación, el alarde jacobino de los federales. (¿Me reclamará alguien el ex? )