Explore "Francisco González León" by Ramón López Velarde on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una vez más escribo sobre el poeta aristócrata, simple, original y monástico. Ahora, con alguna mayor extensión que antes. Y llevo la pluma por el papel con el fácil deleite con que, en días de colegiatura, nos asomamos al pupitre vecino a mirar las frutas condiscípulas que hurtaban Pedro, Juan o Francisco. («Decid, niño, ¿cómo os llamáis? »).
La simplicidad de González León no es constante, como la de Francis Jammes, sino una simplicidad con paréntesis laberínticos. Es simple por certero y laberíntico por hondo. Su certera simplicidad lo faculta para decir que unas manos «exhalan el aroma de un lápiz acabado de tajar». Y su agudeza de minero lo faculta para ir descubriendo yacimientos de fábula. Es, conjuntamente, la flor a la intemperie y el metal soterrado. Después de esto, importa poco que su versificación, arbitraria con frecuencia, disuene a los oídos de los profesionales y de los legos.