El baño de Julia by Manuel Gutiérrez Najera

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¡VAMOS! ¡Si es imposible que lo creas! Te daría un siglo de plazo para que lo adivinaras. Julia, ¿te acuerdas? la escéptica, la desengañada Julia, aquel Voltaire con faldas que tú y yo conocimos en el invierno pasado, aquella que juró. ya, ya te acuerdas, ¡y cómo no habías de recordarla, ¡a ella! , ¡una de las reinas del highlife, una de las sultanas de la moda! pues bueno, Julia -aquí vas a soltar una sonora carcajada- Julia se casa dentro de ocho días. ¿No te decía yo bien que el caso era increíble? Apuesto a que has fruncido tus hermosas cejas y a que una burlona sonrisita ha asomado ahora entre tus labios. ¡Ya lo creo! yo mismo pienso que no puede ser, que es increíble lo que estoy contando. ¡Si es cosa de alquilar balcones! Ríe, ríe si quieres: no por eso dejarán los novios de inclinar sus frentes ante el cura. Pero tienes razón: ¿quién va a creerlo? ¡Julia, la encantadora viudita de veinticinco abriles, que en dos meses de vida común había conocido el matrimonio lo bastante para jurar, por todos los ángeles del cielo, un odio inextinguible al santo estado! Todavía me parece ver al sabio varón que Dios le destinó por marido. Alto, escueto, avellanado, frío, de ojos vidriosos, de manos secas y huesosas, una especie de eucaliptus animado, ¿no te acuerdas? Muchas veces, casi todas las tardes, le veías en el paseo, hundido en los almohadones del carruaje, ceñudo, encanijado, formando contraste con Julia, con su esposa, tan joven, tan hermosa, tan risueña, con una frescura de los veinte mayos, con ese no sé qué tan suyo, que la hace, mal que pese a la envidia y los celos, una de las más encantadoras reinas de nuestros salones.

¡Y si supieras con quién se casa! ¡Cuando yo te digo que es todo un cuento azul lo que ha pasado! Tú conoces a Octavio P., aquel chico a quien detestaba tan cordialmente Julia. Por cierto que ninguno ha dado con el secreto de aquella aversión inexplicable. Octavio es todo lo que se llama un galantuomo. Rico, gallardo, capaz de sostener una conversación sobre cualquier tema artístico, un hombre, en suma, que habla el francés y el inglés como su idioma, que toca regularmente el piano, que entiende un tanto cuanto de poesía, que se viste en la casa de Gougaud, que almuerza en el restaurant de Recamier, que tiene un caballo pur sang, que va al teatro. dime tú si un hombre como éste es un partido tan absolutamente despreciable! Y sin embargo una enemistad secreta había entre la hermosa Julia y el galante Octavio. ¡Qué guerra aquella tan velada por las sonrisas y las galanterías de los salones! ¡Qué miradas las que se cambiaban al encontrarse en algún baile! ¡Desventurados! ¡Si supieras tú en dónde se encontraron por última vez!. ¡Vamos, si no puedo resistir a la tentación de referírtelo! Mira: está lloviendo y yo acabo de saborear una taza de café. Decididamente, no salgo de casa. Voy a contarte todo, absolutamente todo. Ya verás: es toda una novela y voy a dividírtela en capítulos.

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