El libro rojo by Manuel Payno — Read

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Hasta aquí, los relatos del México novohispano. Poco menos de la otra mitad del libro se dedicó a episodios del siglo XIX, en especial a víctimas de la guerra de Independencia y de Reforma. La traición, la villanía, la crueldad, como circunstancia fatal de hombres magnánimos, es una constante en esta parte. Protagonistas notables del tiempo a que corresponden los episodios registrados -especialmente Vicente Riva Palacio, quien tuvo bajo sus órdenes importantes y en ocasiones decisivas brigadas bajo su mando- señalan a menudo cómo los próceres liberales perdonaban la vida a los prisioneros conservadores para años después verse victimados por las órdenes de aquellos a quienes habían protegido, como ocurrió con Valle y con Santos Degollado. Pero, en otros casos, los próceres cayeron abatidos por hombres que les debían no sólo gratitud, sino respeto: como Iturbide y Vicente Guerrero. En efecto, si bien algunos próceres de la Independencia murieron luchando contra los ejércitos de la corona española, precisamente los que consumaron la independencia, Iturbide y Guerrero, murieron a manos de los mismos mexicanos. Singular destino, pues, el de México: matar a sus propios libertadores. Singular destino que parecería repetirse en los casos de Rodrigo de Paz, de Gastón de Peralta o de Xicoténcatl. Singular destino que parecería provenir, como a veces escuchamos en nuestros días, de la tradición indígena del sacrificio ritual; pero no olvidemos que fueron criollos quienes les dieron muerte, ascendidos al poder, criollos que impondrían toda tradición posible, pero no, ciertamente, la indígena. Fue la tradición de letrados criollos, el agravio de nuevos políticos, el desagradecimiento de revolucionarios de burocracia, el deseo de poder, la disputa civil de corredores, la que derrotó a Guerrero.

Algunas observaciones son importantes en estos textos sobre el siglo XIX . Por ejemplo, la de que sacerdotes del bajo clero -quizá los más semejantes a aquellos evangelizadores y enfermeros de la peste de 1577 que Riva Palacio elogió- luchaban por la independencia, mientras que los jerarcas eclesiásticos lo hacían por el poder y sus privilegios, como se narra en El tumulto de 1624 y en El licenciado Verdad. Interesante es también el señalamiento de Payno de que en la sangrienta toma de Granaditas era como si el pueblo se vengara, hasta entonces y de manera inaudita, de las matanzas de los conquistadores.

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