El décimo hombre by Graham Greene — Read

Explore "El décimo hombre" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.

Cuando despertó, los detalles de la escena, hasta los detalles de sus emociones, se habían difuminado. Todo, durante un momento, podría haber sido igual que antes, pero cuando puso la mano en el pomo de la puerta de la cocina y la oyó moverse dentro del recinto, su corazón trastornado le transmitió un mensaje inconfundible desde debajo de las costillas. Salió directamente de la casa para tratar de ordenar sus pensamientos, y en la parcelita de huerta sembrada lo expresó en voz alta: «La quiero», dijo, entre las coles, como si fuera la primera declaración de un caso complicado. Pero era un caso del que no veía el fin.

Pensó: «¿Adonde podemos llegar desde aquí? » Y su mente de abogado empezó a desenredar los hilos del pleito, y a sentir cierto aliento. En toda su experiencia jurídica no había habido ningún caso que no contuviera un hálito de esperanza. Al fin y al cabo, razonó, sólo Janvier es responsable de la muerte de Janvier: no me corresponde ninguna culpa, sea lo que sea lo que yo pueda sentir; no hay que dejarse guiar por los sentimientos, o muchos hombres inocentes serían guillotinados. Según la ley no había motivo, se dijo a sí mismo, por el cual ella no debería amarle. Si lograba reemplazar el odio por el amor, se dijo con casuística exquisita, le habría prestado un servicio que compensaría cualquier otra cosa. En la ingenua convicción de la muchacha, al fin y al cabo, le estaría devolviendo la posibilidad de salvación. Cogió un guijarro del suelo y apuntó a una col distante: el proyectil voló infaliblemente hasta su diana, y él exhaló un pequeño suspiro de satisfacción. La acusación que pesaba contra él había quedado reducida ya a un caso de derecho civil en el que podría alegar los términos de compensación. Se preguntó por qué había desesperado la noche anterior: no era una ocasión de desesperar, se dijo, sino de esperanza. Tenía algo por lo que vivir, pero en algún lugar del fondo del cerebro subsistía la sombra, como una prueba en su contra que deliberadamente no había presentado al tribunal.

Reading navigation