El décimo hombre by Graham Greene — Read

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Aquella noche, después de haber regresado de Brinac, Thérèse Mangeot se comportó de un modo desacostumbrado; insistió en que, en lo sucesivo, debían comer en el comedor y no en la cocina, donde hasta entonces habían hecho todas sus comidas precipitadamente, como si estuviesen preparados en todo momento para que el verdadero dueño de la casa apareciese y reclamara sus derechos. Charlot no tenía medios de saber la causa del cambio, pero sus pensamientos lo relacionaban con el encuentro en la carretera de Brinac. Quizás el ataque del campesino contra Chavel le había insuflado confianza, la idea de que por lo menos un hombre de St. Jean estaba dispuesto a obrar como un amigo contra el abogado.

-Habrá que barrerlo -dijo Charlot, y cogió una escoba. Se encaminaba hacia la escalera cuando la muchacha le detuvo y le dijo:

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