Noticias del Imperio by Fernando del Paso — Read

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Luis Napoleón le envió una carta a Bazaine en la que le pedía pruebas que confirmaran el rumor en el sentido de que Benito Juárez había sobornado a Jules Favre. Richard Metternich le escribió al ministro del Exterior austríaco, Conde de Rechberg, para decirle que la Emperatriz Eugenia odiaba a Miramón y que la intervención estaba destinada a fracasar. Don Francisco de Paula y Arrangóiz le escribió desde Madrid a su tocayo Don Francisco Javier Miranda diciéndole que la Reina Isabel de España prefería la República con Juárez al Imperio con el Archiduque. El Archiduque le escribió a Luis Napoleón felicitándolo por la caída de Puebla y la toma de la ciudad de México. El General Santa Anna le escribió desde la Isla de Santo Tomás a Gutiérrez Estrada, para ofrecer sus servicios al Imperio. El Teniente Coronel Loizillon, en una carta desde México, le contó a Hortense Cornu que se le había roto la boquilla de ámbar de su pipa, pero que un mexicano le enseñó a disolver los restos en aceite y esencia de terebinto, para remodelarla. Gutiérrez Estrada recibió una carta, de Miramar, en la que Fernando Maximiliano le aseguraba que la suerte del hermoso país del Señor G. E. siempre le había interesado vivamente, pero que él no podía cooperar a la salvación de México a menos que una manifestación nacional demostrara sin lugar a dudas el deseo del pueblo de colocarlo en el trono. Desde Chantilly, el general mexicano Adrián Woll d'Obm le escribió a su amigo el Coronel Pepe González en La Habana para decirle, al referirse a Leonardo Márquez, que la verdad era que «en nuestro desgraciado México el terror da prestigio», y que no se le olvidara enviarle cada mes un billete de lotería. El General Bazaine le escribió desde el Palacio de Buenavista al ministro de Guerra francés, el Mariscal Randon, para informarle que la división del General Castagny había ocupado con éxito las ciudades de León y Lagos. En Bruselas, el Rey Leopoldo recibió una carta de su hija Carlota en la que ésta se quejaba de lo muy reaccionario que era el partido clerical mexicano. En Miramar, Carlota recibió una carta de su adorado papá Leopich en la que éste le advertía que un partido así, una vez adicto a uno, sigue siendo fiel, lo que no sucede con los volterianos, decía el monarca belga, porque «el volterianismo español y criollo es una cosa triste». El Príncipe Cari von Solms recibió una carta desde Carlsbad en la que el antiguo chargé d'affaires de Inglaterra en México, Sir Charles Wyke, le decía que esperaba que el Archiduque no metiera la cabeza en ese avispero. Luis Napoleón le escribió a su nuevo embajador en México, Montholon, recomendándole que tratara con la Regencia el proyecto de convertir el Estado de Sonora en un protectorado francés. Maximiliano le envió a Richard Metternich una carta que debía ser presentada a Luis Napoleón, en la que se refería al genio del emperador de los franceses, y manifestaba que su aceptación estaba sujeta al apoyo de Inglaterra. En Miramar, el Archiduque recibió una carta del comodoro americano Maury, en la que éste se ofrecía para el cargo de Gran Almirante de la futura Flota Imperial Mexicana. Desde Londres Sir Charles Wyke le escribió a Stefan Herzfeld una carta en donde le contaba de la audiencia que le había otorgado en París Luis Napoleón, y durante la cual el inglés le había manifestado al emperador que dadas las circunstancias el Archiduque Maximiliano no sería bien recibido en México. El General Almonte, en una carta en la que llamaba ya «Sire» y «Su Majestad» a Maximiliano, le aseguró a éste que en el momento en que leyera esas líneas, seis millones de mexicanos se habrían ya declarado por la monarquía. Desde Compiègne, Eugenia le escribió a Carlota para decirle que, por desdicha, en aquel hermoso país -México-, sólo había hombres de partidos que ardían por satisfacer su odio y su rencor. Maximiliano le escribió a Pío Nono una carta que Su Santidad consideró como impertinente porque en ella el Archiduque se permitió hablar del «corrompido» clero mexicano. Desde Londres, el antiguo corresponsal del «Times» en México, Charles Bourdillon, le escribió a Maximiliano y le dijo que la banca inglesa no parecía muy dispuesta a participar en el financiamiento de la empresa. Desde la misma Londres, Carlos Marx le envió una carta a Federico Engels, escrita mitad en alemán y mitad en inglés, donde le decía que Luis Bonaparte no sólo andaba a los saltos, sino además «in a very ugly dilema with his own army», y que México y las genuflexiones ante el zar, a las que Boustrapa (empujado por Pam) se entregaba en «Le Moniteur», bien podían romperle la crisma. «Pam» era Palmerston, y «Boustrapa» un apodo de Luis Napoleón, formado con los nombres, en francés, de las tres ciudades desde las cuales había intentado tomar el poder: Boulogne, Strasbourg y París. Y, si en su castillo de Nantes los esposos Cittadella y Blanche recibían una carta de Julien que dijera, por ejemplo: «Cittadella ha tenido ya ocasión de comprobar que sin la ayuda de Bordeaux y Rouen y guiado por la Divina Providencia el ejército de Metz ha conquistado Tours para aflicción de los conservadores y júbilo de los liberales, pero no obstante hace falta ahora, además de confirmar el apoyo de Orleáns, que Jean presione al cuerpo legislativo para lograr nuevas erogaciones de testimonios destinadas a la empresa, y convencer a Adolphe para que haga entrega del algodón», esto quería decir que en su Castillo de Miramar, los esposos Maximiliano y Carlota recibían una carta de Gutiérrez Estrada escrita de acuerdo a una de las claves secretas inventada por el mexicano para comunicarse con el Archiduque, el cual para descifrarla sólo tenía que sustituir unos nombres por otros, de acuerdo a la lista en la que Nantes era Miramar, Cittadella él, Su Alteza Imperial Maximiliano, y Blanche Su Alteza Imperial Carlota, Julien el propio Gutiérrez Estrada y Bordeaux Inglaterra, Rouen España, Metz Francia, Tours México, los conservadores los liberales, los liberales los conservadores, Orleáns Viena, Jean el emperador francés, el testimonio el dinero, Adolphe la Casa Rothschild, el algodón el empréstito y la Divina Providencia siempre la Divina Providencia que al igual que Dios y todos los Santos aparecían siempre en las cartas de Julien con sus nombres y sus atributos propios, al lado también de Louis, Paul, Charles, Julie, Daniel, Richard y el Havre -y muchos otros-, que eran respectivamente Eugenia, el Papa, Almonte, Francisco José, Miramón, Santa Anna y Veracruz.

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