Explore "El americano tranquilo" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Había pensado estar sólo una semana fuera de Saigón, pero transcurrieron casi tres semanas antes de que regresara. En primer lugar, resultó más difícil salir de la zona de Phat Diem de lo que me había supuesto entrar. La carretera estaba cortada entre Nam Dinh y Hanói y no se le podía ofrecer transporte aéreo a un periodista que en cualquier caso no debería estar allí. Luego, cuando llegué a Hanói encontré a los corresponsales que habían venido para informar sobre la última victoria, pero en el avión que los llevaba de regreso no había ningún sitio para mí. Pyle salió de Phat Diem la misma mañana en que llegó: había cumplido su misión -hablar conmigo de Phuong-, y no había nada que lo retuviera allí. Lo dejé dormido cuando el mego de mortero cesó a las cinco treinta y cuando volví, después de haber tomado una taza de café y unas galletas en la cantina, ya no estaba. Supuse que estaría dando una vuelta -después de haber bajado por todo el río desde Nam Dinh en una balsa, encontrarse con algún tirador emboscado no debería preocuparle, era tan incapaz de imaginar que pudiera sufrir dolor o peligro, como incapaz de pensar en el dolor que podía causar a los demás. En una ocasión -pero eso fue meses más tarde- perdí el control y le hice caer en ello, en el dolor quiero decir, y recuerdo cómo se volvió y se miró con perplejidad el zapato manchado, diciendo: «Tengo que limpiarlo antes de que lo vea el ministro». Supe entonces que ya estaba construyendo sus frases con el estilo que había aprendido de York Harding. Sin embargo era sincero a su manera: era sólo una coincidencia que todos los sacrificios los pagaran los demás, hasta esa noche final bajo el puente de Dakow.
Sólo cuando regresé a Saigón supe cómo Pyle, mientras yo me tomaba el café, había persuadido a un joven oficial naval para que lo llevara en una lancha que, después de una patrulla de rutina, lo dejó subrepticiamente en Nam Dinh. Lo acompañaba la suerte y volvió a Hanói con su equipo contra el tracoma veinticuatro horas antes de que la carretera se declarara oficialmente cerrada. Cuando yo llegué a Hanói ya se había ido al sur, dejándome una nota con el barman del Campamento de la Prensa.