Explore "El americano tranquilo" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Subí lentamente la escalera del piso de la rue Catinat, parándome a descansar en el primer rellano.
Las viejas se intercambiaban chismes como habrían hecho siempre, en cuclillas en el suelo fuera del urinario, mostrando el destino escrito en las arrugas de sus rostros igual que otros lo muestran en las palmas de las manos. Se quedaron calladas cuando pasé y me pregunté qué podrían haberme dicho, si hubiera sabido su lengua, de lo que había pasado mientras yo estaba en el Hospital de la Legión en la carretera que va a Tanyin. En algún sitio, en la torre o en los arrozales, había perdido las llaves, pero le había enviado un mensaje a Phuong que ésta debía haber recibido, si estaba todavía aquí. Ese «si» revelaba el grado de mi incertidumbre. No había tenido noticias suyas en el hospital, pero ella escribía el francés con dificultad, y yo no sabía vietnamita. Llamé a la puerta y se abrió inmediatamente; todo parecía igual que siempre. La observé con atención mientras me preguntaba cómo estaba y me tocaba la pierna entablillada, y me ofrecía su hombro para que me apoyara, como si uno se pudiera apoyar con seguridad en una planta tan joven.