Explore "El americano tranquilo" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
En realidad yo había sido castigado. Fue como si Pyle, cuando dejó mi piso, me hubiera condenado a tantas semanas de incertidumbre. Cada vez que volvía a casa esperaba encontrarme el desastre. A veces no estaba Phuong, y me resultaba imposible ponerme a hacer cualquier trabajo hasta que regresaba, porque siempre me preguntaba si volvería alguna vez. Le preguntaba dónde había estado (intentando alejar la ansiedad o la sospecha de mi voz) y a veces me contestaba que en el mercado o de tiendas y me ofrecía la prueba (incluso esa disposición a confirmarme la historia parecía en ese periodo antinatural), y a veces que en el cine, y allí tenía el trozo de la entrada para probarlo, y a veces que en casa de su hermana -era ahí donde yo creía que se encontraba con Pyle. Le hacía el amor en esos días salvajemente, como si la odiara, pero lo que odiaba era el futuro. La soledad dormía en mi cama y me abrazaba a la soledad durante la noche. Phuong no cambió; cocinaba para mí, me preparaba las pipas, con gentileza y dulzura ofrecía su cuerpo para mi placer (pero ya no era un placer), y tal como había ocurrido en aquellos primeros días, yo quería su mente, ahora necesitaba leer sus pensamientos, pero estaban escondidos en una lengua que yo era incapaz de hablar. No quería hacerle preguntas. No quería hacerla mentir (mientras no se dijera abiertamente ninguna mentira podía pretender que éramos el uno para el otro lo mismo que habíamos sido siempre), pero de pronto mi ansiedad habló por mí, y le pregunté:
-¿Cuándo viste a Pyle por última vez?