Explore "El tercer hombre" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un súbdito británico puede viajar si se conforma con llevar tan sólo cinco libras que no puede gastar en el extranjero, pero si Rollo Martins no hubiera recibido una invitación de Lime desde la Oficina Internacional de Refugiados, no le hubieran permitido entrar en Austria, que todavía se considera territorio ocupado. Lime había sugerido que Martins podía escribir sobre el trabajo de ayuda a los refugiados internacionales, y aunque Martins no se ocupaba de esas cosas había aceptado. Eso le permitiría tomarse unas vacaciones, que necesitaba con urgencia después del incidente de Dublín y aquel otro de Ámsterdam; siempre trataba de reducir las mujeres a «incidentes», cosas que le ocurrían porque sí, sin que él pudiera hacer nada, como eran los actos de fuerza mayor para los agentes de compañías de seguros. Tenía un aspecto ojeroso cuando llegó a Viena y una costumbre de mirar por encima de su hombro que durante un tiempo me llevó a considerarlo persona sospechosa, hasta que me di cuenta que era por miedo de que una entre, digamos, seis personas pudiera aparecer inesperadamente. Me dijo vagamente que había mezclado bebidas: era otra manera de plantearlo.
A lo que se dedicaba normalmente Rollo Martins era a escribir novelas baratas del Oeste con el seudónimo de Buck Dexter. Tenía un público amplio, pero poco rentable. No se hubiera podido permitir un viaje a Viena si Lime no se hubiera ofrecido a pagar sus gastos, al llegar, con dinero de un fondo que describió vagamente como de propaganda. Me dijo que Lime también le iba a dar vales: la única moneda en uso, de peniques para arriba, en los hoteles y clubes británicos. Así fue como llegó Martins a Viena con cinco libras inútiles.