El tercer hombre by Graham Greene — Read

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Era casi de noche cuando Martins comenzó a caminar a lo largo de la orilla del canal: al otro lado de las aguas se veían los semidestrozados baños de Diana, y, a lo lejos, el gran círculo negro de la Noria del Prater, quieta sobre las casas en ruinas. Por allí, al otro lado de las aguas grises, estaba el Segundo Bezirk, de propiedad rusa. St. Stephanskirche lanzaba su enorme chapitel herido al cielo que cubría la Ciudad Interior y, al subir la Kärntnerstrasse, Martins pasó junto a la puerta iluminada del centro de la Policía Militar. Los cuatro hombres que formaban la Patrulla Internacional subían a su jeep; el P. M. ruso se sentó junto al conductor (porque ese día los rusos habían tomado el relevo y empezaban sus cuatro semanas) y el inglés, el francés y el norteamericano subieron detrás. El tercer whisky puro comenzó a calentar el cerebro de Martins y se acordó de la chica de Ámsterdam, de la chica de París; la soledad caminaba a su lado por la acera llena de gente. Pasó la esquina de la calle donde estaba el Sacher's y siguió adelante. El que dominaba ahora era Rollo y se dirigía hacia la única chica que conocía en Viena.

Le pregunté cómo sabía dónde vivía. Oh, dijo, había encontrado la dirección que ella le había dado la noche anterior, en la cama, estudiando un plano. Quería orientarse en la ciudad y se le daban muy bien los mapas. Podía memorizar nombres de calles y donde había que dar la vuelta fácilmente, porque siempre hacía el viaje de ida a pie.

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