Explore "Los muros de agua" by José Revueltas on Textopian. Read with annotations and highlights.
El vagón de ferrocarril donde fueron arrojados no tenía límites, no tenía dimensión alguna. Porque durante aquella noche todo sucedía como en el infinito, sin paredes y sin estrellas. En el interior del vagón se podía caminar, a la ventura, durante un siglo entero, ya que no existe nada más vacío y eterno que la ceguera. Y el mundo estaba ciego, ausente de ojos, mientras la lluvia, golpeando, batiendo, era llorada ¡quién sabe! , por fuerzas inconmensurables, acaso por turbios ojos celestes de ángeles, allá arriba.
Rosario cayó hasta el rincón. Sola. Más sola aún porque su cuerpo perdió las fronteras y se tornó también de oscuridades, ignorado. La oscuridad, no obstante, le removía cosas primitivas, ahí, en el fondo, en las paredes más inferiores del recuerdo.